Antonio Caballero, una ausencia vigente

Antonio Caballero, una ausencia vigente

Antonio Caballero tenía, entre los muchos rasgos de su personalidad, el desorden. En sus seis décadas de carrera como escritor, nunca elaboró nada que se pudiera parecer a un archivo. Eso explica que sus miles de columnas de opinión políticas, sus crónicas de arte, caricaturas, reseñas, entrevistas y artículos conformen un pozo profundo, aún por explorar y redescubrir. Para dar orden a su vasta obra, publicada en decenas de medios de comunicación —sobre todo en Colombia y España—, pero también para honrar a una de las mayores figuras intelectuales y cultas del periodismo colombiano a cinco años de su muerte, regresan a las librerías su novela, ya clásica, Sin remedio (1984), en una edición definitiva, y su Historia de Colombia y sus oligarquías (2016). También llega una recopilación ampliada de sus artículos sobre arte titulada Mientras pasaba por ahí.

Read more Nicolás Contreras, the man who taught Colombia how to pool money online

Caballero, muerto a los 76 años el 10 de septiembre de 2021 en Bogotá, su ciudad natal, combinaba una capacidad extraordinaria de observación y análisis con una apuesta estética muy cuidada que hacía que sus textos fueran un deleite. Surgió de una familia aristocrática: fue hijo del escritor y diplomático Eduardo Caballero Calderón y su prima Cecilia Caballero Blanco fue esposa del presidente liberal Alfonso López Michelsen. Su hermano Luis fue un destacado pintor y dibujante, y su hermana Beatriz fue escritora y artista. Su tío Lucas Caballero, Klim, fue un afamado columnista, reconocido por sus textos cargados de humor e ironía. Ese entorno, que daba gran relevancia a la literatura y las artes, fue la materia prima de la trayectoria que Antonio comenzaría muy pronto, a los 16 años, como columnista, cronista, novelista y, sobre todo, como caricaturista, su oficio original, según comentó en más de una ocasión.

Isabel Caballero Samper, hija y heredera única de la obra, explica que el trabajo previo a la publicación de los tres libros consistió en revisar, organizar y encontrar varias sorpresas. Entre ellas, los anexos inéditos que fueron incluidos en Sin remedio, entre los cuales hay una carta ―que muestra su habilidad para sacar gracia de un asunto rutinario― de 2001 que escribió Caballero a la poeta María Mercedes Carranza, directora en ese momento de la Casa de Poesía Silva, en Bogotá, acerca de los invitados a un recital de los poemas incluidos en la novela ―cuya transcripción íntegra está incluida también en el volumen―. Esta versión de Sin remedio es, además, definitiva: casi ninguna edición fue igual a la anterior, y ahora, ya sin Caballero, todos los ajustes y cambios que hizo desde la publicación quedaron allí consignados.

Por otro lado, Mientras pasaba por ahí constituye la antología más amplia dedicada al trabajo de Caballero como crítico (él prefería el término “cronista”) de arte. Varios de esos textos se encuentran en el libro Paisaje con figuras (Editorial El Malpensante, 1997), una recopilación que Caballero tenía planeado ampliar, en sus últimos años de vida, con textos que habían sido descartados. Así que, de alguna manera, la antología que acaba de llegar a las librerías, con más del doble de artículos, es resultado de una labor que comenzó él mismo. En marcha, todavía como proyectos sin fecha definida, está la publicación de otros volúmenes con textos y entrevistas sobre literatura, con artículos de opinión políticos, caricaturas y dibujos, cuentos, gastronomía y tauromaquia, una gran pasión que le acarreó legiones de detractores.

—¿Qué hace que los textos de Antonio Caballero tengan vigencia 5, 10, 20 o 30 años después de publicados?

—Mi papá hacía el chiste de que él siempre escribía la misma columna una y otra vez. Sobre drogas, sobre Estados Unidos, sobre la corrupción… Creo que tenía una capacidad de mirar, de analizar, que no es tan común. En las columnas sobre arte y sobre los temas que le gustaban se ve muy bellamente esa capacidad de percibir. Pero también en las columnas políticas aparece ese análisis y esa capacidad de ver más allá del escándalo de la semana y que hace que se mantengan vigentes.

Una tarea titánica

En varias ocasiones, Antonio Caballero se describió como una persona perezosa. Su trayectoria, sin embargo, revela más bien lo contrario: comenzó cuando era un adolescente, a comienzos de los años sesenta, y sus textos y caricaturas fueron publicados en una gran cantidad de medios de comunicación: en Colombia, en El Tiempo, El Espectador, Alternativa, Semana, Número, Cambio, El Malpensante, SoHo. Y en Europa, en Cambio 16, The Economist, Agencia France-Presse, EL PAÍS, Seis Toros Seis. Buscar, clasificar y organizar todo ese trabajo se ha convertido en un reto enorme, aparte de mostrar las grandes proporciones de la obra de Caballero.

Read more The clay mask in ‘stick’ form with over 8,000 reviews that helps reduce excess oil

El periodista Mario Jursich, director de la revista El Malpensante, ha sido el albacea y editor de los nuevos libros. Poco después de la muerte de Caballero, asumió la tarea y recibió la memoria de su computador como punto de partida. A partir de ahí, de búsquedas, exploraciones y con la colaboración de muchas personas en Colombia y en España, ha conseguido dar forma a los tres libros que acaban de ver la luz y sobre los cuales insiste en que ofrecen material inédito. Eso, dice, es lo que le da sentido a la publicación. “La idea es ir mostrando facetas de ese personaje, de ese escritor no tan conocido por buena parte de los lectores”, explica.

Para Jursich, la vigencia de los textos de Caballero estriba en la combinación de su “extraordinaria calidad de escritura”, una gran inteligencia analítica y una enorme dosis de humor e ironía. Esos tres elementos, dice, crean un diálogo con los lectores que es capaz de resistir el paso del tiempo. “Me daba la impresión de que Antonio elegía las palabras casi de manera quirúrgica. Tenía una precisión, una exactitud para escribir, que sigue siendo admirable”, recuerda, antes de mencionar que él mismo se sorprendía riéndose de columnas escritas hace 45 años. Esa vigencia, no obstante, parece tener también un elemento externo: la tendencia de la sociedad colombiana a repetirse una y otra vez, en una dinámica exasperante que llevaba a Caballero a escribir, como decía, la misma columna por 40 años.

Ese mismo vigor también está en Sin remedio, una novela “que conserva la rara facultad de parecer escrita contra el presente”, según dice Jursich en el prólogo. Y lo justifica: “El protagonista de la novela participa un poco involuntariamente en una cultura de grupos de izquierda que están muy divididos. El trasfondo de la historia es el Gobierno de Julio César Turbay (1978-1982), pero si uno hace la abstracción de eso, de las cosas que se dicen, de sus personajes, de las ironías sobre los grupos de izquierda y sobre los miembros de la clase alta bogotana, parece que lo hubieran escrito ayer”. Para el editor, la obra —comparada a veces con Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, pero también emparentada, según Jursich, con Los elegidos, de Alfonso López Michelsen, y con la película Un poeta, de Simón Mesa— sería perfectamente aplicable a los hechos de 2026. “Y la novela nunca ha perdido eso. O sea, leída 15 años atrás, creo que los lectores hubieran tenido la misma impresión”.

―¿Qué pueden aportar los textos y las ideas de Caballero en un contexto como el actual?

—Primero, mucha perspicacia en el análisis. Veamos el tema de las drogas: Antonio fue uno de los analistas que vio con mucha claridad desde el comienzo la incidencia del narcotráfico en Colombia. Lo segundo, que el análisis político necesita una buena prosa, que funciona como un poderoso elemento de persuasión. Antonio destacaba muy por encima en ese aspecto sobre los demás columnistas. Y también diría que vio con mucha claridad los núcleos centrales de perturbación de la vida colombiana: el narcotráfico, la militarización de la sociedad, la cerrazón mental…

Jursich destaca también la independencia de pensamiento de Caballero: “Nunca temió, como no temen los grandes columnistas, ir contra la corriente y escribir cosas que le implicaron irse del país”. O pasar por momentos incómodos —aunque quizá Caballero les hallara un punto de humor— que Jursich considera “medallas” por un trabajo bien hecho, como aquel episodio que Caballero relató en una columna, en la que contaba que con frecuencia, cuando iba a una corrida de toros, alguien del público se levantaba, lo miraba fijamente y le apuntaba con el dedo antes de lanzarle su furia enquistada en una sola palabra: “Hijueputa”.

Read more B2Chat: the ‘endless race’ of the Paisas who reinvented business WhatsApp

Translated from

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *