La cita se celebra cada año, pero el escenario y los protagonistas van cambiando. Esta vez es jueves, 30 de julio, y la temperatura invita a sacar un abanico, aunque no puede hacer mucho más que marear el aire del baño turco en el que se ha convertido Mallorca este verano. El bar del hotel Hilton Mallorca Galatzó, en una zona privilegiada de Calvià, está cerrado al público, que cada poco curiosea a través de los cristales por el trajín de cámaras fotográficas y de vídeo que se mueven de un lado a otro del vestíbulo. Dentro del bar, pertrechada por varios asesores de su equipo, se encuentra Priscilla Presley (Nueva York, 81 años), esposa del rey del rock primero y exesposa después, a pesar de que nunca se separaron del todo. Una mujer delgada, de voz delicada y de tez muy blanca que contrasta con su pelo rojo, color del vestido que llevará en la fiesta posterior. Se levanta inmediatamente para saludar. “Estuve en Mallorca en los años sesenta, pero no la recuerdo así porque era muy joven”, dice casi en un susurro.
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Son las cuatro de la tarde. Quedan cinco horas para que Priscilla Presley, antes Beaulieu, se convierta en el principal atractivo de la fiesta que el empresario inmobiliario Marcel Remus (Hamm, Alemania, 39 años) organiza cada verano en un hotel diferente de la isla, a la que asisten empresarios del sector, socialités germanas y de la que siempre se hace eco la prensa rosa de su país. En su afán por extender su marca personal —tiene hasta una masa para waffles con su nombre—, la fiesta de Remus, empresario ya convertido en celebridad, que se dedica principalmente a la venta de propiedades de superlujo en las islas, es una de las citas más sonadas del verano balear para reunir a personajes conocidos de lo más variado. Desde la oscarizada actriz Hillary Swank en la edición del año pasado, a la cantante Janett Jackson o la actriz y escritora Joan Collins en fiestas anteriores. Este año, además de Priscilla, el protagonismo es compartido entre Mischa Barton, conocida por encarnar a Marisa Cooper en la serie juvenil The O.C., y Mónica Cruz, bailarina y hermana de la celebérrima Penélope Cruz.
Volviendo al bar, el reloj corre. Dan 10 minutos para hacer la entrevista, en la que Priscilla no contesta a las preguntas que afectan a la muerte de su hija, Lisa Marie Presley, la única que tuvo durante su matrimonio con Elvis y fallecida en enero de 2023 por una obstrucción intestinal derivada de una cirugía de estómago. Tres años antes la familia ya había tenido que afrontar la muerte de Benjamin Keough, uno de los cuatro hijos de Lisa Marie, que se quitó la vida a los 27 años, un episodio que su madre confesó que nunca había superado. Todos los detalles ya los contó la matriarca en las memorias que publicó en septiembre del año pasado y, presumiblemente, continuarán en la nueva edición que está preparando. “Estoy escribiendo otro libro, la continuación de mis memorias, sobre lo bueno y lo malo”, confirma.

Elvis es el eje sobre el que pivota Priscilla. En los últimos cuatro años, la vida del rey del rock y, por ende, la de ella, han sido llevadas al cine en forma de película. Austin Buttler dio vida al legendario músico en el largometraje de Baz Luhrmann de 2022, y la directora Sofía Coppola adaptó después en la gran pantalla la relación sentimental de ambos, pero desde el punto de vista de Priscilla. “En gran medida, se captó la esencia de la relación. Me habría gustado que fuera más larga, haber tenido más tiempo para hablar, pero sí, quedé satisfecha”, explica sobre el filme. Para la también actriz y empresaria “es difícil” verse a uno mismo en la pantalla porque todo lo que ocurre ya lo ha vivido. También lo es hablar en entrevistas “y revivir toda tu vida”. “Los recuerdos que afloran, las preguntas que te hacen… Todo eso libera muchas cosas que uno lleva dentro”, reconoce.
Para Priscilla, estar con Elvis marcó todo su devenir: “Fue una gran lección de vida, estar al lado de alguien tan famoso, ver cómo llevaba esa fama y cómo le afectó convertirse en una persona tan conocida y popular… Sí, para mí fue una auténtica lección de vida”. El recuerdo del cantante, que murió en agosto de 1977 a los 42 años, sigue siendo nítido para Priscilla. Lo describe como un hombre de “corazón inmenso”, muy generoso con su gente y su familia, sobre todo con su madre, cuya muerte “afectó muchísimo” al cantante. En este punto recuerda una anécdota ya conocida que cree que demuestra que al artista le encantaba “dar, regalar y ayudar a la gente”. El episodio ocurrió en un concesionario de Memphis, al que Elvis acudió con intención de comprar un coche. Allí se encontraba una señora mayor que estaba mirando algunos de los automóviles y que se apartó cuando vio al cantante, casi sin creer que fuera él. “Él la miró mientras observaba el coche, se acercó y le preguntó si le gustaba. Ella respondió que era precioso. ¿De verdad?, le dijo él. Entonces llamó al vendedor y le pidió las llaves. Cogió la mano de la señora, le puso las llaves en la palma y le dijo: Es suyo. Y le compró el coche, así de generoso era”, cuenta Priscilla casi en un susurro.

La pareja se conoció en Alemania en 1959, mientras él realizaba el servicio militar y ella vivía con sus padres, que estaban destinados allí porque su padrastro era oficial del ejército estadounidense. En aquel momento, ella tenía 14 años y Elvis, que ya era una estrella de la música, 10 más. Se casaron en Las Vegas en 1967 en un matrimonio que apenas duró hasta 1973, aunque mantuvieron una buena relación hasta la muerte del cantante, que nunca más volvió a pasar por el altar. Con apenas 34 años y tras la muerte del padre de Elvis solo dos años después de la del artista, Priscilla se hizo cargo de administrar el legado de la estrella en representación de los intereses de su hija, Lisa Marie. Un artista que dejaba más de 700 canciones y 31 películas, una de las estrellas de la música que más derechos ha seguido generando después de su muerte. “Haberme hecho cargo de mantener su legado ha significado mucho para mí, muchísimo. Siempre he querido que la gente sepa el gran hombre que era”, asegura.
En 1982, Priscilla convirtió Graceland, la famosa mansión que el cantante regaló a sus padres, en un lugar de peregrinación obligatoria para los fans, y se mantiene año tras año como el segundo lugar más visitado de Estados Unidos, después de la Casa Blanca. La empresaria reivindica su rol en la preservación del legado del artista: “Creo que es importante que yo tenga un papel en ello porque, básicamente, nadie lo conoció como yo”. Por eso, y a pesar de los artículos, las películas, los documentales y los reportajes, Priscilla cree que todavía no está todo dicho sobre Elvis: “Todavía quedan muchísimas cosas por contar”. ¿Cuáles? ¿Secretos, tal vez? Y una risa. “No todo está contado en las películas” dice.

Priscilla cuenta que, además de estar inmersa en la segunda parte de sus memorias, sigue dedicando mucho tiempo a labores de rescate animal, sobre todo de aquellos mayores que están en refugios. El encuentro acaba un poco antes de la hora marcada, para que ella descanse antes de ser el foco de las miradas de los alrededor de 600 invitados que se darán cita en la fiesta de Remus y que esperan para verla de cerca o hacerse una foto con ella. Posado con el empresario en la alfombra roja y, después, noche en una zona reservada de la fiesta junto a Cruz y Barton. Mientras, el magnate Remus ya piensa en los invitados de su fiesta para el próximo año.
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