Carín León, el primer latino en la Sphere de Las Vegas, deja roncos a sus 20.000 fans tras la cancelación del jueves

Carín León, el primer latino en la Sphere de Las Vegas, deja roncos a sus 20.000 fans tras la cancelación del jueves

El viernes sí que fue. A las ocho y media de la tarde, Carín León y su inmensa banda salieron al escenario de la Sphere de Las Vegas entre gritos de “¡Viva México!” y “¡Viva Hermosillo!”. Tras cancelar un día antes, el sonorense salió, cantó y triunfó ante los 20.000 espectadores que abarrotaron esa inmensa bola que refulge en el desierto, no muy lejos del suyo propio. Es el primer músico mexicano y latino, y el primero en español, en tener una residencia de conciertos en la célebre Sphere. Su éxito ha sido tal que repetirá en septiembre de 2027

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Con la potencia de los gráficos de la Sphere, en la que se vieron la catedral de su Hermosillo natal, las calles del centro histórico de la ciudad y su Cerro de la Campana, León —de 37 años, vestido de negro, con detalles dorados, de pies a cabeza— sacó toda la artillería del regional mexicano con invitados como Bronco y Pepe Aguilar. “Muchísimas gracias por acompañarnos y seguir haciendo historia. ¡Viva México!”, proclamó cuando presentaba “un show para todos estos corazones rotos“. Y sin mas disculpas ni referencias a lo sucedido el día anterior, se lanzó a cantar, incombustible, durante casi dos horas seguidas.

El jueves 10 de septiembre será difícil de olvidar para los fans de León. 20.000 de ellos estaban esperándole en la Sphere, uno de los recintos más pretendidos del planeta, pero pasados unos minutos de las ocho y media de la tarde, la megafonía anunciaba que el show se cancelaba por motivos de seguridad, y emplazaba a los asistentes a otro, el 15 de septiembre… de 2027.

Los fans no se lo creían y se negaban a a abandonar el recinto, entre pitidos e insultos (gritos de “¡culero!” incluidos). Tras un escueto comunicado en texto, un par de horas después León aparecía en un video en sus redes sociales para explicar que había intentado llegar a Las Vegas desde Hermosillo en dos aviones que no habían despegado por problemas técnicos. Sus explicaciones, aunque correctas, resultaron insuficientes para sus seguidores, que no entendían por qué se había marchado de Las Vegas (había ofrecido sus tres primeros conciertos allí viernes, sábado y domingo) para solo tres días de descanso, y cómo pretendía regresar con tan poco margen. Tampoco era menor el hecho de que, aparte de la ilusión y el concierto, muchos de ellos habían perdido días de vacaciones, así como miles de dólares en transporte, alojamientos, comidas… y más en días de Fiestas Patrias, cuando viajar es aun mas caro y complejo.

“Estuve pensándolo todo el día, pero me sentí más relajada cuando vi su video Ahí pensé: no lo va a hacer dos veces. Aunque no me gustó su excusa”, reconoce Judith, que llegó a Las Vegas desde Los Ángeles unas horas antes del concierto. Compró los boletos, en la octava fila frente al escenario, apenas el miércoles, por algo más de 800 dólares. “Sé que es caro pero me encanta, me lo puede permitir y oiga… el que puede, puede, y el que no, ¡critica!”, reía.

León no decepcionó a sus primero asustados y después entregados fans, tocados con sombreros y calzados con botas de cowboy, con hasta 25 canciones (unas 30, contando las duplas). Arrancó con un bloque que llamó Hometown, mostrando efectivamente su Hermosillo natal, sus minas, su cerro, su hermosa catedral blanca. Ahí tocó temas como Ojos Cerrados o Como lo hice yo. En el segundo, After Dark (después de la oscuridad) entró en un palenque, un recinto para escuchar música, donde llegaron Ahí estabas tú, Ese vato no te queda o algunos temas en inglés, como She Hurts Like Tequila o Love to be Loved, y mostró su taquería, El Coyote del Norte. La capacidad tecnológica de la Esfera ayudaba en la presentación, hiperrealista y de máxima calidad. Por ejemplo, en el palenque los posters eran pantallas para que los espectadores distribuidos por sus más de 100 metros de altura pudieran verle mejor.

El tercer “nivel”, como el lo denominó, fue La Meseta, con serpientes paseándose por los llanos sonorenses y León metiéndose dentro de su propia inmensa guitarra. Para la letra de El amor de mi herida, una de sus más coreadas canciones de despecho, cambió el final “Qué lástima por ti que vas a ser feliz/Pero no tan feliz como serías conmigo” como “como serias en Hermosillo”, para locura del público. También aquí dio paso a Pepe Aguilar, “más que un amigo, más que un confidente, es mi tío”, con quien cantó Lamentablemente y Por mujeres como tú. “Una de las mejores voces, de los mejores artistas”, le dijo el alumno al maestro. “Sin usted no estaríamos aquí ninguno de nosotros”.

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Con No es por acá y una gran bandera de México entre las manos (que firmó y devolvió al público) y un árbol en llamas cerró ese tercer bloque, para dar paso a La Caverna Sagrada, el cuarto, donde sonaron éxitos como Desde que te tengo o Te lo agradezco, entre un hermoso altar de muertos con sus fotos familiares. Aquí salió al escenario Lupe Esparza, del grupo Bronco. Y remató con dos grandes baladas, y Qué más puedo pedir.

Y llegó su quinta parte, Noches de Sonora, bajo un hermoso cielo estrellado en la Sphere, que recordaba a los de la desértica región norteña, de apenas tres millones de habitantes (el sexto Estado menos poblado del país). Ahí se lanzó con su Que Vuelvas y El tóxico.

El sexto nivel, llamado sencillamente El final, mostraba el Cerro de la Campana de su ciudad, con sus tiendas, farmacias y abarrotes… y hasta una Sphere dentro de la Sphere. Ahí llegó la traca final, con temas tan poderosos como Despídase Bien, Según Quién (sin Maluma, esta vez) y Primera Cita. “Muchísimas gracias por acompañarnos a hacer historia Que viva la música latina”, proclamó. “Gracias por haber estado aquí esta noche. Por más noches como esta”. Y ahí llegaron los fuegos artificiales, desde dentro de la Esfera, claro.

La residencia de León es un hito histórico para la música latina y en español, y sobre todo para la mexicana y su regional, un género que ha explotado a lo largo de la última década y de la que el treintañero es máximo exponente. De ahí que estas presentaciones en la Sphere sean especialmente importantes para el y para la música latina, especialmente en Estados Unidos, donde la latina es la gran mayoría, pero mayoría amenazada por las políticas de inmigración trumpistas.

Las siete fechas de León este septiembre, y las ya cuatro del año próximo, demuestran la pujanza y la seriedad de la cultura latina. Por todo ello no podía fallar el sonorense. El viernes, ante 20.000 gargantas afónicas, demostró que el traspiés del jueves no iba a volver a repetirse. No le hizo falta pedir disculpas. Su música y esa gigante bola del desierto fueron más que suficientes.

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