El Aeropuerto Internacional de Washington Dulles (IAD, por sus siglas oficiales), el mayor de los tres aeropuertos que sirven a la capital de Estados Unidos, se ha convertido en el último objetivo de las ambiciones urbanísticas de Donald Trump. El presidente ha presentado este miércoles el nuevo proyecto para ampliar la infraestructura aérea, que está dotado con un presupuesto de 22.000 millones de dólares.
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El plan incluye la construcción de cuatro nuevas terminales y la eliminación de los famosos movers del aeropuerto, un ingenio para transportar a los pasajeros entre terminales. A cambio, se construirá un tren subterráneo, similar al de otros muchos aeropuertos. Trump ha hecho el anuncio en el Despacho Oval, donde lucía una maqueta con el nuevo diseño.
El IAD es la principal puerta de entrada internacional de la región de la capital y está ubicado en el norte de Virginia, a 40 kilómetros de Washington D. C. El mandatario republicano ha explicado que el Gobierno recibió 30 propuestas de arquitectos mundiales para participar en la reforma de la infraestructura. La opinión del presidente fue la que prevaleció para seleccionar el proyecto ganador. “América debe tener los mejores aeropuertos del mundo”, dijo el ocupante de la Casa Blanca, que calificó el aeropuerto de Dulles como “horrible”. Y apostilló: “Fue diseñado incorrectamente”.
El presidente lleva tiempo quejándose de los famosos movers del aeropuerto, las salas móviles diseñadas por el arquitecto Eero Saarinen que transportan a los pasajeros entre la terminal principal y las puertas de embarque. Son una mezcla de vagones de tren que cuentan con un dispositivo hidráulico que los eleva para alcanzar diferentes niveles. Estas máquinas, que parecen sacadas de una película de Star Wars, son una de las atracciones más populares del aeropuerto.
Saarinen también diseñó la terminal principal, una obra maestra del estilo moderno de mediados de siglo. Esta terminal se mantendrá como la entrada principal al complejo. “Fue considerada la octava maravilla del mundo”, ha recordado el promotor inmobiliario reconvertido a político.
En marzo, un estudio de arquitectura propuso construir una terminal completamente nueva y bautizarla con el nombre de Trump. Esa propuesta sugería cambiar el nombre de los movers por el de Direct Jet Transports, un acrónimo que refleja las propias iniciales del presidente, DJT.
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El nuevo plan, adelantado por la cadena CBS, elimina por completo los movers, sustituyéndolos por un sistema de tren, al tiempo que conserva la emblemática terminal de Saarinen y bautiza el vestíbulo en honor al presidente.
El anuncio es el último de una serie de iniciativas de Trump para remodelar la capital a su imagen y semejanza. En mayo, un juez federal bloqueó el intento de la Administración de rebautizar el Kennedy Center con su nombre, dictaminando que solo el Congreso tiene la autoridad para cambiar el nombre del centro.
Este anuncio sobre Dulles se produce además en un momento en que Trump impulsa otros proyectos a gran escala para remodelar Washington, antes del término de su mandato en 2029. El año pasado demolió el ala este de la Casa Blanca para dar paso a un salón de baile de 999 butacas y 600 millones de dólares, un proyecto que ahora se encuentra empantanado en sus propios litigios con grupos defensores del patrimonio histórico. También está impulsando la construcción de un arco triunfal de casi 80 metros, apodado el “Arco de Trump”, previsto cerca del Puente Conmemorativo de Arlington para conmemorar el 250º aniversario del país, un proyecto aprobado en mayo por la Comisión de Bellas Artes, nombrada por Trump, a pesar de las objeciones de los demócratas en el Congreso.
“Esto forma parte de nuestros esfuerzos continuos para hacer que DC vuelva a ser segura y hermosa”, dijo Trump dando gracias a la Guardia Nacional desplegada en la ciudad pese al rechazo de las autoridades locales y los demócratas. La Administración Trump aseguró hace unas semanas que mantendrá la Guardia Nacional en Washington hasta el final de su mandato. Dos informes recientes concluyen que su presencia no ha influido en las tasas de delitos violentos y costará más de 1.700 millones de dólares para finales de 2026.
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