Es febrero de 2008. Es antes de ayer, pero también es hace siglos. Es un Hollywood mucho más naíf, menos milimetrado. Es esa época en la que las revistas a todo color se despachan como churros en los lineales de los supermercados (y en los quioscos, cuando todavía había). Y esos últimos coletazos en los que los famosos, hiperexpuestos, microscópicamente analizados, siguen siendo estrellas casi inalcanzables; donde hay exclusivas, sorpresas, sin los planificados circos de las redes sociales (Facebook era público desde hace año y medio, el entonces Twitter era embrionario e Instagram y TikTok no existían). Entonces, en una alfombra roja relativamente pequeña, la de los premios del cine independiente estadounidense, aparecen Brad Pitt y Angelina Jolie. Agarrados de la cintura, él con el pelo disparado, chaqueta de pana y gafas de aviador; ella, con la melena castaña, el ojo muy oscuro y un vestido negro sin nada que ocultar: está embarazada. Otra vez. Por sorpresa. No es niño ni niña (como Shiloh, su primera hija biológica, que llegó dos años antes): son las dos cosas, porque vienen mellizos. Nacerían unos meses después y serían los dos últimos de los seis hijos de los por entonces llamados Brangelina. Este 12 de julio, esas criaturas cumplen 18 años. Y ni ellos, ni sus padres, ni sus hermanos, ni Hollywood, ni el star system son una sombra de lo que fue.
Brangelina ya no existe. Solo quedan rencillas, rencor y riñas judiciales: acuerdos de divorcio que han tardado años en sellarse, acusaciones de abuso y maltrato por parte de Jolie, de 51 años, (y sus hijos) a Pitt, de 62, demandas por un castillo francés y sus viñedos. La pareja de oro resultó ser solo de hojalata. Y sus hijos son el mejor reflejo de esa separación, de esa ruptura que es mucho más que sentimental. El clan ha optado en masa por un bando, y está claro por cuál: el de la actriz. Hay una cuestión cristalina, incluso legal, que lo demuestra: que los chicos han dejado atrás el apellido Pitt para quedarse con el Jolie. Los gemelos Knox y Vivienne, flamantes mayores de edad, son los últimos en hacerlo.
Ninguno de los hijos de Brad Pitt se apellida Pitt. Todos han optado, hasta donde se sabe, por el Jolie, eligiendo sus nuevas denominaciones con una clara vinculación con su madre, con quien todos ellos decidieron vivir tras el agitado divorcio del matrimonio, en el que su padre perdió toda posibilidad de recuperar la custodia de los chicos. La pareja, que estuvo junta 12 años (aunque casada apenas dos), anunció su ruptura hace una década, en septiembre de 2016, pero tardó ocho años en legalizar la separación, algo que ocurrió el último día de 2024. Esa compleja separación, en la que entró en juego incluso el FBI —que llegó a entrevistar a los chicos y a inspeccionar el avión privado donde viajaba la familia, tras un incidente y por sospechas de maltrato de Pitt al primogénito, Maddox—, ha hecho que la familia se repliegue sobre sí misma. Muy unidos, muy cerrados, con la privacidad por bandera. Solo en los últimos años, según han ido convirtiéndose en adultos con proyectos y carreras, se ha ido sabiendo más de los Jolie, como ahora se llaman.

Porque con la mayoría de edad de los gemelos todos son adultos ya, y todos son Jolie. Sus procesos no se han hecho públicos —se gestionan por la ley de California, donde residen, y, generalmente, a través de abogados—, pero se sabe que desde hace al menos dos años todos se han ido cambiando los nombres, aunque no si todos lo han hecho solo de cara al público o ya legalmente. Según explica Arash Hashemi, abogado con más de 20 años de experiencia y oficina en Los Ángeles, este es un proceso “no muy largo ni muy caro, pero sí muy meticuloso”. “Si la persona quiere cambiarse de nombre antes de los 19, sus padres deben rellenar la petición judicial en su nombre. Ambos deben aprobar el cambio de nombre”, relata a EL PAÍS. El proceso, enumera el letrado, debe hacerse a través de un cuidado paso a paso judicial, con una petición formal ante el juzgado, la publicación de un anuncio en un periódico local anunciando la intención del cambio y la fecha de la vista, un análisis de los antecedentes legales del sujeto y una vista sin objeciones públicas ni crímenes en el expediente.
El mayor de los seis hijos del matrimonio, Maddox, nacido en agosto de 2001 en Camboya y adoptado por Jolie en 2002 (y después por Pitt), ha pasado por todo ello. En 2021, cuando declaró en un juicio contra su padre para darle la razón a su madre, ya se presentó como Maddox Jolie. En la película de 2025 Vidas entrelazadas (Couture, en el original) de Jolie, donde trabajó como asistente de director, aparecía también bajo dicho nombre. Unos documentos legales del pasado mayo logrados por TMZ demostraron que el cambio ya es definitivo: el joven, de 24 años, pidió ante el juez llamarse formalmente Maddox Chivan Jolie.
Él fue el primero en hacerlo informalmente y el último en hacerlo legalmente, pero no ha ido solo. De la segunda de los chicos, Zahara, se sabía que lo había hecho al menos de manera pública, cuando en un vídeo universitario se presentó a sí misma como Zahara Marley Jolie. Pero lo hizo legalmente en los mismos días que Maddox, según People. En mayo de 2024, en cuanto alcanzó la mayoría de edad, se supo que la tercera, Shiloh, había pasado por dicho proceso legal y ya no era Shiloh Nouvel Jolie-Pitt sino, legalmente, Shiloh Jolie.

Pax, el cuarto de los retoños —con respecto a su llegada a la familia, en 2007, pero el segundo en edad, al nacer en noviembre 2003—, se hace llamar Jolie, pero por el momento parece ser que legalmente mantiene el Pitt por su buena relación no con su padre, de quien está muy distanciado, sino con la rama paterna de su familia, sobre todo con su tía, Julie Pitt, y sus primos. De hecho, es probablemente el que más clara y públicamente ha atacado a su progenitor, del que en Instagram dijo que era “una persona terrible y despreciable”, sin “consideración ni empatía” hacia sus hijos pequeños, “que tiemblan de miedo con tu presencia”: “Nunca entenderás el daño que has hecho a mi familia, porque eres incapaz de verlo. Has hecho las vidas de las personas que más cerca están de mí un constante infierno. Puedes decirte a ti mismo y al mundo lo que quieras, pero la verdad saldrá a la luz algún día”.
Según el abogado Hashemi, la mayor parte de esos cambios de apellido —“un proceso más común de lo que podemos pensar”, afirma, “y algunos también se cambian el nombre”— es por “razones personales o asuntos familiares que les llevan a esa decisión”. “El ejemplo más común”, describe, “es cuando el nombre del certificado de nacimiento es distinto del que llevan usando desde pequeños. Para lograr un pasaporte o cualquier identificación oficial, tienen que cambiar de nombre legalmente”, apunta. Si no, el Gobierno lo emitirá con el nombre legal. Y si los más pequeños de los hijos del matrimonio no tienen apenas relación con él desde los ocho años, cuando se produjo la separación, tiene sentido que se queden con el Jolie que llevan usando prácticamente desde entonces.

De hecho, aunque sea la menor, Vivienne rápidamente hizo público dicho cambio. Apasionada de las películas, del teatro, de la actuación, con solo cuatro años fue Aurora junto a su madre en Maléfica. Y con apenas 15 siguió a su lado como asistente en la adaptación musical de Broadway de The Outsiders, producida por Jolie. En los libretos de la obra ya aparecía como Vivienne Jolie, sin el Pitt detrás. El último paso lo ha dado su mellizo, que en su certificado de graduación de la Fusion Academy, una prestigiosa escuela privada de Los Ángeles, en junio, aparecía simplemente como Knox Jolie, contaba Page Six.
Sin apenas dar declaraciones sobre la espinosa ruptura durante todos estos años, la vida de los jóvenes se ha conocido a través de fotos y de palabras de terceros. Unos han puesto de relieve el distanciamiento de Pitt de sus hijos; otros, la poderosa influencia de Jolie en ellos. Ahora que todos son adultos, la decisión de que el público sepa más o menos sobre sus vidas y sus lazos ya recae, sin héroes ni villanos, únicamente en ellos.
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