Vecinos y negocios del barrio Machuchal y la calle Loíza, en San Juan, han tenido las tuberías de agua secas más de la mitad de los días que han pasado este año. Hasta este viernes eran exactamente 118 días contabilizados minuciosamente en una bitácora digital alimentada por casi un centenar de residentes de este sector enclavado en una de las zonas más turísticas de la capital de Puerto Rico. “Otra vez sin agua”, “Difícil vivir en este barrio y no mudarse”, escribieron en la herramienta. Las interrupciones son tan frecuentes allí que superan por mucho los 22 días con cortes de electricidad, que han sido en la última década un dolor de cabeza generalizado en este territorio de Estados Unidos.
“Llevo 26 años viviendo aquí y yo nunca había visto una situación como esta”, dice Ángeles Acosta, una psicóloga clínica de 75 años. Cuenta que labores cotidianas y necesarias como cocinar y limpiar se han convertido en un operativo cada vez que interrumpen el suministro. Llena galones si es que sale un “chorrito” en el área del jardín y los almacena en un depósito que tiene en el baño de su apartamento ubicado en un tercer piso. “Ahí meto toda el agua y vuelvo y bajo para coger (más)”.
Los cortes han sido tan frecuentes este año que debió “gastar 2.000 dólares en una cisterna, porque no tengo espacio dentro del apartamento. Tengo que traer el agua de un apartamentito que hay atrás, en el techo. Y para eso tuve que comprar la bomba, el presurizador… Pero no todo el mundo tiene esa capacidad económica”, reconoce.
Acosta y otros residentes se han organizado en la coalición Exigimos Agua y han convocado una manifestación el 4 de agosto. Uno de sus líderes es Alfredo Cuyar, quien considera que la falta de experiencia de algunos empleados de la estatal Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) en el manejo de las válvulas es parte crucial de los problemas con el suministro en esa zona en específico. Explica que ello se debe a los cambios gerenciales en la AAA desde el inicio en 2025 del Gobierno de Jenniffer González, la gobernadora de la isla. Las válvulas, explica Cuyar, deben ser operadas de forma manual y ello no se está haciendo.

El asunto escaló incluso a un tribunal cuando el alcalde de San Juan, Miguel Romero —una figura política del propio partido oficialista—, demandó a la compañía de agua para exigir una solución a las constantes interrupciones. El jefe de la AAA, Luis González, afirma que los problemas en varias comunidades capitalinas se enmarcan en un panorama más amplio de “desgaste” de la infraestructura hídrica en el archipiélago debido a trabajos para mejoras y mantenimiento “que debieron haberse hecho hace años” pero no se concretaron.
Al agudizar las interrupciones, la gobernadora González ha dicho que hay en marcha proyectos de mejoras a esta infraestructura que suman al menos unos 7.000 millones de dólares.
De fallas en una tubería vital a una sequía
Lo que sucede en zonas de San Juan es apenas uno de un cóctel de problemas de envergadura con el suministro de agua que amenaza con golpear una economía supervisada celosamente desde hace una década por una junta de control fiscal impuesta por Washington.
Por años cayó la producción de agua en plantas clave debido a una reducción en las inversiones producto de una crisis económica. No ha habido mantenimiento adecuado en un proyecto vital que lleva agua en el norte de la isla y que se ha convertido en un proveedor importante de agua para el área metropolitana, el motor económico de Puerto Rico. Se pierden millones de galones de agua diariamente por lo que de forma coloquial se conoce como “salideros” y un reporte oficial cataloga como “agua no facturada”, que resulta en pérdidas de 98 millones de dólares al año si se toma en cuenta lo que cuesta producirla.
A ello se ha sumado este verano una escasez de lluvia en zonas donde se ubican embalses importantes que tiene al 85% de Puerto Rico en sequía severa o moderada, según datos del Monitor de Sequías de Estados Unidos, y a miles de puertorriqueños en vilo ante el riesgo de un racionamiento parcial en medio de las temperaturas altas.

EL PAÍS conversó ampliamente con el ingeniero Carlos Pesquera para entender cómo se encuentra la infraestructura hídrica del archipiélago y qué pasos se han dado y deben ponerse en marcha para mejorarla. Pesquera, una figura del partido oficialista que actualmente no integra el gobierno, conoce de primera mano el sistema del agua porque la gobernadora González le encomendó en el verano de 2025 elaborar un informe con recomendaciones tras registrarse averías en instalaciones del área metropolitana. Meses después, una falla paralizó por días una tubería gigantesca —el Superacueducto— que abastece de agua a 15 municipios.
“De lo más apremiante, tenemos dos factores que estamos atendiendo ahora: uno es la situación con la infraestructura básica y el otro es un componente que se añade, que es el tema de una sequía meteorológica (debido a la escasa precipitación). La escasez de lluvia acentúa ahora el problema que veníamos arrastrando durante el último año”, explica Pesquera.
Tres piezas fundamentales de la infraestructura que menciona son el Superacueducto y dos plantas envejecidas pero en las que hay en marcha proyectos para elevar la producción diaria: una se llama Sergio Cuevas y la otra Enrique Ortega. Ambas son importantes para abastecer a la región metropolitana de la capital y Pesquera prevé que aumenten su flujo en 50 millones de galones diarios cuando concluyan las mejoras. Eso representa, estima, un 20% de la demanda actual en esa región.
Infraestructura que no se revisa
“Ahí suena todo bien, exceptuando que tuvimos unos problemas recientes con el Superacueducto”, precisa Pesquera. “El Superacueducto tiene una situación particular y es que no tiene redundancia; si se rompe el tubo, se rompió (…) O sea, tenemos un problema serio”, que incluso reconoce durante la entrevista como un potencial “problema catastrófico” por el impacto que podría tener en el abastecimiento de forma directa, y también en el crecimiento económico y el avance de nuevas inversiones de manera colateral.
Por ello, el ingeniero sumó recientemente un apéndice a su informe a la gobernadora de 2025, luego de que en junio pasado hubiera nuevas averías en esa tubería. Es ahí donde se concentra un riesgo significativo para el abastecimiento de agua para miles de hogares y negocios. Ante el declive de la producción en otras plantas y el cierre de pozos que fueron en el pasado fuentes de suministro, el área metropolitana y otros pueblos más al este son actualmente más dependientes del fluido que les llega por el Superacueducto.

Se trata de un ducto inaugurado en la década del 2000, cuyo estado interior se desconoce y urge conocer porque contiene una estructura que depende del buen mantenimiento de sus láminas de acero y cables prensados. Pesquera destaca que se desconoce incluso la cantidad exacta de agua que diariamente fluye por el ducto hasta San Juan y que es difícil detectar si existen filtraciones en un momento determinado.
“Nadie hace una evaluación de la tubería”, señala el experto. “Hay un sistema de protección catódica, que es para minimizar la corrosión en la tubería, que no está funcionando desde hace muchos años. Así que es momento de mirar una infraestructura que cumple 26 años y hacer una revisión de todas las posibles deficiencias y crear un programa de mejoras capitales para atenderla”, sugiere.
Por el momento, el jefe de la empresa del agua ha anunciado un plan para colocar una suerte de robot que analice la tubería. Sin embargo, Pesquera recuerda que la última vez que se intentó algo similar, el aparato desapareció dentro de la estructura. Propone, en cambio, hacer un “análisis exhaustivo” que mire desde los posibles puntos vulnerables en los cauces de los ríos, hasta las conexiones críticas en las que cambia la dirección de la tubería y donde ha habido ya roturas. “Tienes que hacer un análisis completo antes de decidir qué se va a arreglar primero”.
Las mejoras de forma más amplia en la infraestructura del agua de Puerto Rico fueron puestas en marcha en parte con fondos aprobados en Washington tras el embate del huracán María en 2017. Son fondos que en ocasiones han sido entregados, por un lado, a regañadientes en medio de casos de corrupción e ineficiencia en la ejecución del gasto en Puerto Rico y, por otro lado, en medio de críticas de políticos de origen puertorriqueño en la esfera federal por el desánimo con el que se abordan los asuntos boricuas en Estados Unidos.
“El problema que tiene Puerto Rico ahora es en ejecutar, convertir todos esos recursos federales en proyectos reales que den resultados antes de que perdamos la oportunidad”, opina. “No es un problema imposible de resolver. Es necesario darle certeza a la gente”, dice. “Primero la estabilidad del sistema para todo el mundo, y luego que podamos contar con proyectos nuevos, porque si no, la economía se nos cae”.
De hecho, solo el gremio de las pequeñas y medianas empresas estimó en julio que las interrupciones generaron por momentos pérdidas diarias de hasta 20 millones de dólares en ese sector.
Millones de galones se pierden a diario
Ante las constantes interrupciones, para muchos se ha puesto más en la mira el hecho de que la empresa del agua pierde millones de galones del fluido diariamente. Así lo establece un informe sobre la empresa del agua preparado por la junta de control fiscal en julio de 2025.
El reporte detalla que la AAA produce unos 513 millones de galones de agua al día y que, de esa cantidad, se pierden diariamente cerca de 267 millones de galones o poco más de la mitad en lo que se desglosa como pérdidas físicas, es decir, en filtraciones o lo que se conoce como “salideros” de agua.

El jefe de la AAA rechaza que la cifra de agua perdida se empine por encima del 52% que afirma el reporte, pero la ubica todavía en un nivel alto en torno al 40%. La gobernadora, por su parte, ha dicho que es un asunto que pidió atajar.