El aceleracionismo tecnológico de los magnates, tan acostumbrados a arrasar con cualquier regulación que frene su instinto de vigilancia, encuentra un tope en la voz offline de una comunidad hacktivista. La calle se viraliza. Los manifestantes ganaron su primera batalla, visibilizando el lobby tecnológico, las redes de influencia y las inversiones extractivistas, de una forma ácida y creativa, apta para todo público. Tal vez su mayor logro haya sido que el nombre de Peter Thiel, el ideólogo profeta de Silicon Valley, resuene en las mesas familiares.
Con menos de 15 días de diferencia, hubo dos protestas en la mansión que el cofundador de Palantir compró en Argentina por 12 millones de dólares. El puntapié lo dio el grupo Yahdista contra las corporaciones de distracción, que se presentó en su versión “Lxs Gandalfs del Sur”. Tras semanas de preparación en secreto, aparecieron vestidos con túnicas, sombreros de mago y barbas grises, ironizando la fijación de Thiel con El Señor de los Anillos, con cantos y la frase “You shall not pass” (“¡No pasarás!“), el famoso dicho de Gandalf frente al Balrog en la obra de Tolkien. Como premisa, protegieron su identidad, algo muy válido, siendo que en la Ciudad de Buenos Aires, según Amnistía Internacional, invirtió en los últimos tres años 48 millones de dólares en tecnologías de vigilancia, y si agregamos que Palantir Technologies es la empresa de interoperabilidad de macrodatos para perfilamiento ciudadano, mejor mantener el anonimato.
Una banda de Gandalfs esta tarde en la puerta de la casa de Peter Thiel en Palermo Chico. 😁 pic.twitter.com/g1Yy8PZLb8
— P a i s a j e a n t e (@paisajeante) August 17, 2026
Una segunda manifestación, con más de un centenar de personas convocadas por organizaciones sociales, ambientales y políticas, mantuvo la consigna con disfraces, rostros cubiertos y hasta drones el pasado sábado. Pedían el “desalojo exprés de Peter Thiel” y el rechazo a proyectos de ley como el Súper RIGI, con el que el Gobierno de Javier Milei busca atraer inversiones multimillonarias en industrias experimentales con generosos incentivos fiscales, y que varios políticos de la oposición consideran hechos a medida del magnate y las big tech.
¿Tuvieron efecto Lxs Gandalfs del Sur? Algo pasó. Horas después de la primera protesta, Thiel, que había sido anunciado como figura clave de la cumbre libertaria “Vientos de Cambio” a principios de septiembre, canceló su participación, aparentemente por cuestiones logísticas. Además, inspiró el estilo de la segunda protesta, y amplificó la sesión en la Cámara de Diputados “¿A qué viene Peter Thiel a la Argentina?”, organizada por el diputado Juan Marino, con más de 30 especialistas, incluida quien escribe, para analizar los riesgos de su presencia en el país. Thiel y Milei fueron invitados, y sus asientos quedaron vacíos.
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Techlash: el efecto rebote
Durante 2026 creció el rechazo a las inteligencias artificiales, la vigilancia automatizada y sus dueños: es el backlash [rechazo] aplicado a la tecnología, es decir, techlash. Desde juicios que exigen cambios en las plataformas vistas como dañinas por diseño y su impacto en la salud mental juvenil, como en el que Meta ha acordado pagar un monto irrisorio para sus ganancias por casi 18.000 millones de dólares. Sumándose protestas contra los centros de datos y otras formas de hacktivismo, como el boicot QuitGPT y el happening donde estudiantes irrumpieron en OpenAI con globos y baile, y casos más agresivos como Moreno Gama, acusado de lanzar un cóctel molotov contra la casa de Sam Altman.
Mientras todo esto ocurre, Argentina es observada como un modelo de experimentación libertaria. Entre sus últimos movimientos, Thiel adquirió el 1% de participación en la empresa Vista Energy, el mayor productor independiente de crudo del país, por 76 millones de dólares y visitó infraestructuras críticas como ARSAT, empresa nacional de telecomunicaciones. Además, se conocieron vínculos con Argentina al menos desde 2017, cuando Palantir intentó digitalizar archivos de la causa AMIA, la investigación del atentado terrorista contra la mutual judía en Buenos Aires ocurrido el 18 de julio de 1994, que dejó 85 muertos.
Por alguna razón, para el empresario alemán no es suficiente hacer negocios, manteniendo en secreto sus reuniones en complicidad con los dirigentes políticos de distintos colores; también se instala y remodela su mansión. Y a pesar de ser uno de los 100 hombres más ricos del planeta, le incomoda no mantenerse en las sombras y estar bajo el escrutinio popular.
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