La representante más influyente y disruptiva de Colombia en la corriente de la moda conocida como el Nuevo Lujo Latinoamericano es Manuela Álvarez (Bogotá, 39 años). En 2013 fundó su marca, MAZ, como una alternativa al estilo tropical chic, con el que se asociaba el país en el exterior, y con ella ha logrado ocupar espacios del más alto nivel entre los diseñadores de moda y los directores creativos. Además, construyó un modelo 360° de sostenibilidad basado en el slow fashion, la experimentación textil y un trabajo social tan innovador que ya ha sido reconocido, incluso, en la Fashion & Lifestyle Network de Naciones Unidas.
En la niñez, el diseño de modas aparece con frecuencia en la lista de “lo que quiero ser cuando sea grande”, unos deseos que para la mayoría se desvanecen con el tiempo y las presiones sociales. En Álvarez no ocurrió: nunca desapareció su pasión por hacer del vestir un ritual y por explorar cómo navegar los momentos de la vida por medio de la ropa. Aún hoy, afirma que disfruta combinar piezas deportivas de cada género con prendas vintage, una muestra de su personalidad inquieta y poco dada a seguir fórmulas tradicionales.
Álvarez tampoco perdió su empeño por demostrar que la moda está lejos de ser un campo superficial. Hoy, MAZ tiene reconocimiento internacional como un laboratorio creativo de innovación que desarrolla con comunidades campesinas e indígenas más del 90 % de las prendas y sus bases textiles. Para hacerlo posible, ha involucrado a 850 familias de artesanos de las siete regiones del país, sobre todo madres cabeza de familia.
“Esta marca es un ser vivo que se transforma y que está permeado por mis inquietudes personales. Todos pensaban que este modelo 360° iba a ser un par de colecciones y ya; algo muy romanticoide. Pero yo de verdad había adquirido una responsabilidad social importante luego de mi trabajo con las comunidades de Chocó. Allí no solo aprendí técnicas; aprendí toda una cultura y, con los años, me he descubierto en muchos ‘espejos’ de esas comunidades”, comenta.
Álvarez, que ama tanto la naturaleza como los espacios en soledad para la introspección, estudió en el Instituto Marangoni, en Milán. Recuerda que siempre fue “la más nerd de la clase” y se ve a sí misma como alguien siempre muy independiente; “un alma vieja que se ha vuelto joven mientras crece”, dice. Se exigía mucho, cuenta, y, con la pasión que la caracteriza, se esforzaba por ser la mejor de su clase, tal y como le pidieron sus padres antes de marcharse. Años después ha conseguido logros importantes. Dice que el secreto para ello es subir la vara cada día un poco más y “andar siempre hacia adelante como un caballito, a pesar de lo malo que pase”.
En 2024 y 2025, su modelo 360° de sostenibilidad la llevó a presentar dos conferencias en la ONU justo cuando, irónicamente, se preguntaba si alguien estaba escuchando esa especie de “himno” que llevaba años construyendo en su mente curiosa, que parece funcionar a mil kilómetros por hora. En 2025, además, se convirtió en la primera diseñadora colombiana en desarrollar una colección completa con Adidas, la primera hecha a mano de esa marca deportiva. Se titula Raíz de Fénix, inspirada en la fuerza y resiliencia de las matronas culturales.
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Este año llegó uno de los galardones más importantes de la moda, el LVMH Prize, impulsado por el conglomerado francés Moët Hennessy Louis Vuitton. Álvarez fue la única latinoamericana entre las seleccionadas y quedó semifinalista. En sus 13 años de historia, solo 7 de los 260 semifinalistas de ese premio han sido latinoamericanos. De estos, dos colombianos, incluida Álvarez, quien “ha tenido que trabajar para trabajar”. Es decir, conseguir fuentes de ingresos extra para fortalecer aún más su apuesta por el slow fashion.

Los reconocimientos siguen llegando. En junio, los jugadores de la Selección Colombia llegaron a la Copa Mundial de Fútbol vestidos con trajes formales diseñados por MAZ, en cuya confección participaron artesanos de Cundinamarca y Putumayo. Un mes después, Álvarez inauguró la pasarela de Colombiamoda 2026 frente a más de 70.000 personas de 50 países, con la colección performática Oh My Heart, inspirada en los procesos de duelo y superación, y titulada a partir de la canción homónima de la banda de rock R.E.M. “Creo que con el Nuevo Lujo Latinoamericano sostenible los latinos podemos hacer una diferencia grande en la industria, porque trae muchas cosas a la mesa: impacto social con trazabilidad, storytelling y muchos temas estéticos y conceptuales”, recalca Álvarez, quien ya tiene 16 colecciones.
En cuanto a cómo le gustaría que su marca dejara huella, dice que “por haber introducido en la industria textil un sistema capaz de hacer que los procesos y las personas sean tratados de una manera más humana, horizontal y colaborativa”.
Ese legado ya tiene un lugar para la posteridad. El Victoria and Albert Museum de Londres la contactó para incorporar un total look de Raíz de Fénix a su colección permanente de Textiles y Moda. Álvarez visitaba ese museo cuando estudiaba en Europa. Se quedaba horas mirando sus vitrinas sin imaginar que, del otro lado, su yo del futuro ya aplaudía la determinación con la que su “Efecto MAZ’ conquistaría el mundo.
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