Muere el ‘Indio’ Solari, una de las últimas leyendas del rock argentino

Muere el ‘Indio’ Solari, una de las últimas leyendas del rock argentino

“Vivir solo cuesta vida”, cantaba Carlos Alberto Solari, el Indio. La inconfundible voz de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota había comenzado como un murmullo en circuitos marginales, a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, y llegó a ser un fenómeno casi religioso de resonancia ineludible y masiva en Argentina y más allá, el corazón salvaje de una identidad popular cultivada alrededor de su críptica poesía y su particular melodía. Esa voz de barítono, de modulaciones inesperadas y cautivadoras, ya solo se podrá escuchar en grabaciones. A los 77 años, Solari, uno de los grandes artistas del rock argentino, como compositor y cantante, un ícono de la contracultura, murió este viernes en su casa, en las afueras de Buenos Aires. “El futuro llegó hace rato”, cantaba, también, el Indio.

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Desde hace una década, Solari sufría la enfermedad de Parkinson y había abandonado los escenarios. “No tengo miedo. La curiosidad es más grande que el miedo”, declaró cuando dio a conocer que estaba enfermo. Desde entonces, se había retirado aún más de una vida pública a la que siempre había sido reacio, a la que solo había concedido, como un artesano rebelde, su expresión como músico.

Había nacido en la ciudad de Paraná, en 1949, y se había criado en La Plata, a 50 kilómetros de la capital argentina. Allí había conocido al guitarrista Eduardo Skay Beilinson, con quien engendraría hacia 1976, a los Redonditos de Ricota. La banda alumbró una de las discografías más influyentes de América Latina, con una decena de álbumes como Gulp! (1985), Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang! (1989), Lobo suelto, cordero atado (1993) y Luzbelito (1996), con canciones que hoy forman parte del inconsciente colectivo del país y la región. Con versos y frases que conquistaron la perduración de su memoria: “todo preso es político”; “el lujo es vulgaridad”; “soñas la hoguera donde siempre sos la leña”; “cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón”.

Hacia fines de los 80, la banda se había convertido en un símbolo de independencia artística e incontenible convocatoria, gestado por fuera del dominio de las grandes compañías discográficas. Su público creciente desarrolló rituales que construyeron una idiosincrasia particular, “la misa ricotera”, cuyo principal emblema quizá haya sido “el pogo más grande del mundo”, la multitudinaria danza casi tribal que hacía estallar la interpretación en vivo de canciones como Ji Ji Ji.

La contracara de la masividad que acompañó a los Redonditos durante toda su trayectoria fue la violencia en sus recitales. Los enfrentamientos de su público con la policía pasaron a formar parte, para muchos, de la cultura asociada a la banda. En 1991, un joven que había ido a escucharlos, Walter Bulacio, fue asesinado por agentes de seguridad, un caso que todavía es sinónimo de la brutalidad policial. Los repetidos incidentes empujaron a los Redonditos a espaciar sus apariciones y a llevarlas fuera de Buenos Aires, a distintos lugares del país que convocarían al peregrinaje de sus fieles seguidores.

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La banda se disolvió en 2001, cuando había alcanzado el pico de reconocimiento del público y la crítica. Después de tres años de silencio, Solari conformó otro grupo, centrado en su figura: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Bajo esa denominación publicó cinco álbumes, desde El tesoro de los inocentes (2004) hasta El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), y protagonizó diversas presentaciones en vivo. La última sobre el escenario fue en 2017, en la ciudad de Olavarría, y congregó a unas 300.000 personas. Desde aquel momento, la participación de Solari en los recitales fue virtual o a través de mensajes grabados.

Solari hizo de sí mismo un personaje esquivo y enigmático, una figura que, junto a su talento como artista, cimentó la fuente de la que emanó en buena medida su magnetismo. Pero, a la vez, no evitó pronunciarse políticamente cuando lo consideró necesario. Por caso, cuestionó la condena judicial contra la expresidenta Cristina Kirchner (2007-2015) e incluso la visitó el año pasado en su domicilio, donde permanece detenida. Sobre el actual mandatario, Javier Milei, fue terminante: “No sé si es un loco o es mascarón de proa de un interés. Nunca pensé que un tipo con una motosierra pudiera llegar a presidente y pasara todos los filtros”, declaró en 2024.

El mes pasado, Solari fue distinguido por la Universidad de Buenos Aires (UBA) con el título de doctor honoris causa. No concurrió al acto, pero allí pudo verse su última aparición pública, un video grabado donde agradeció el homenaje. Tras conocerse su fallecimiento, en las redes sociales y los medios de comunicación se multiplicaron los mensajes de tristeza y despedida. “Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre”, escribió Skay Beilinson en su cuenta de Instagram. La familia y el entorno más cercano del músico anunciaron que organizarán una despedida pública, aún sin precisiones de fecha y lugar. Distintos grupos de seguidores convocaron a realizar un homenaje en la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires, en la tarde de este viernes.

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— Indio Solari Oficial (@Indio_Solari_ok) June 5, 2026

La enfermedad que marcó sus últimos años había puesto a la muerte como materia de reflexión recurrente para Solari. En su autobiografía Recuerdos que mienten un poco (Sudamericana, 2019), basada en diálogos con el escritor Marcelo Figueras, el músico esbozó cómo imaginaba su partida: “A la hora de irme, me gustaría hacerlo a la manera de Leonard Cohen: levantándome en mitad de una partida de póker sin llamar la atención, dejando las cartas sobre la mesa, sin interrumpir el juego y con la confianza de que mis compañeros no darán vuelta los naipes para adivinar qué me traía entre manos. Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores, que merecen seguir adelante”. Pocas líneas después, agregaba: “Sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo”.

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