De alguna manera, como lo anunció en su discurso de posesión presidencial, el Tigre viene a ser la reencarnación de las más caras aspiraciones y obsesiones del establishment colombiano y sus élites dominantes. Todas ellas están condensadas en la “Patria milagro”. Allí encontramos sus tradiciones más incuestionables: la familia, la propiedad privada y esa admiración e imitación desenfrenada por Maga, convertida hoy en la amante política más deseada por el taumaturgo converso que hoy ocupa la presidencia de la República de Colombia. Son un conjunto de tradiciones ultramontanas, cuya esencia es la defensa de una moral maniquea, que reclama ser la poseedora del bien, la justicia y la verdad, fuera de la cual no hay salvación y por eso condena a quienes no la profesan al fuego eterno del infierno. Entre esas tradiciones, figura en primer lugar un modelo de familia que solo existe en la imaginación de los “ciudadanos de bien”. Un modelo patriarcal y autoritario que añoran y pretenden instaurar de nuevo en la sociedad, con sus delirios ultraderechistas, arcaicos y por tanto contrarios a la igual dignidad de todo ser humano, enseña de la modernidad.
La familia añorada
Esos “ciudadanos de bien” olvidan que los padres progenitores de ese modelo de familia actuaban a menudo, con la mejor buena conciencia cristiana, repudiando y expulsando a la calle a sus hijas adolescentes embarazadas porque habían sido “perjudicadas” por su novio. Ni hablar del trato que daban a sus hijos homosexuales, considerados enfermos, degenerados y, por tanto, inmediatamente desheredados. Toda esa gente piadosa, aleccionada cada fin de semana por sus pastores, todavía se atreve a pregonar y añorar esa sacrosanta familia, porque afirma y cree, sin duda alguna, que ella es la célula de la sociedad. Hasta quizá les asista la razón, pues semejante célula ha resultado ser cancerígena y hecho metástasis en gran parte de la sociedad, ya que contiene los genes que reproducen las taras generacionales del clasismo humillante, el racismo a flor de piel, el machismo desenfrenado de acosadores sexuales incontenibles, su misoginia rampante, su homofobia y transfobia irrefrenables, cuyas consecuencias sociales más devastadoras son los feminicidios y una violencia homicida ubicua. ¿Será esa la familia que tanto añora la ministra de educación, Viviane Morales, junto a su ejemplar marido, Carlos Alonso Lucio?
La “Sagrada Familia”
Al parecer, esa “sagrada familia” es la de la “Patria Milagro”, pues entre sus objetivos ya anuncia la prohibición de la adopción de niños o niñas por familias o parejas del mismo sexo. Porque en su maniqueísmo fariseo, esa familia modélica considera que se debe evitar, a toda costa, que unas “degeneradas” parejas vayan a adoptar y criar monstruos. Esas parejas carecen de moral y conocimiento del bien y del mal. Ignoran lo que es un hombre de verdad, fuerte y macho al que se debe obedecer y menos lo que es una mujer auténtica, débil y sumisa, que debe saber obedecer. Así nacimos y debemos morir, según predica esa sabia moral; por eso en el pasado no había tantos divorcios y menos esos vulgares amancebamientos entre los jóvenes actuales. De allí, también, su cruzada contra la llamada “ideología de género”, en nombre de la cual la directora del ICBF decidió que esa institución debe omitir la nominación de las niñas entre la población que debe cuidar y proteger, pues los niños ya las incluye. ¿Habrá acaso un mejor ejemplo de una decisión y una política no solo errada, sino además “de-generada”? Difícil encontrarla, precisamente porque lo propio de ese maniqueísmo moralizante es desconocer la igual dignidad de todos los seres humanos, más allá de su sexo, clase social, etnia, género u orientación sexual. Un maniqueísmo todavía más peligroso, incluso letal, cuando se traslada a la política y habla de “destripar” a la izquierda –como lo hizo el Tigre en su campaña presidencial-, pues para la “Patria Milagro” solo son demócratas los que están sentados a la diestra de su “Dios padre”. Los que se encuentran a la siniestra de ese “Padre Santísimo” son ateos, mamertos que deben ir al infierno, como fue condenado Gabriel García Márquez por la exsenadora María Fernanda Cabal, para que ardiera en el fuego eterno junto a Fidel Castro y Hugo Chávez.
La “democracia” de la gente piadosa y de bien
Precisamente, tal “democracia” de esa “gente bien piadosa”, que siempre está sentada a la derecha del “Señor”, es otra de las tradiciones de nuestro establishment elitista, junto a su sustento material intocable, la sagrada propiedad privada, que no debe ser profanada y gravada con más impuestos en aras de la seguridad jurídica. Esa singular “democracia”, tan celestial, es la que van a defender a sangre y fuego los “héroes de la Patria”, portando el “Escudo de las Américas” y con la ayuda del fuego salvífico de Maga –sus drones, ángeles metálicos y bombas de paz— además de la inteligencia mortífera del Estado de Israel. Es decir, con el concurso de los dos Estados que en la actualidad son los más belicistas y genocidas del mundo, sin olvidar la Rusia ortodoxa de Putin, que también cuenta con la ayuda sagrada de su Iglesia Ortodoxa Cristiana y su Patriarca Kirill, a quien le fue devuelto un antiquísimo icono de la Trinidad y en reciprocidad “pedirá a Dios que ayude a nuestro país y que oremos por nuestro presidente ortodoxo, Vladimir Putin”.
Para esos tres Estados y sus gobernantes, con el respaldo de sus iglesias, pastores, rabinos y Patriarca, no existe la Carta de las Naciones Unidas y los Derechos Humanos son el nuevo Manifiesto Comunista. Expresiones de esa falsa y peligrosa doctrina Woke que junto al multilateralismo debe ser erradicada del planeta en nombre de la libertad y los intereses de sus pueblos, supuestamente elegidos por Dios. Claro, el Dios de las trompetas y las guerras, que anuncia el Armagedón y su pronto regreso. Tan es así que Trump y el Tigre, su mascota por ahora preferida, incluso más que Delcy Rodríguez, tienen en común el considerarse predestinados por Dios para gobernar y reinar. Así lo expresó Trump en su discurso de posesión presidencial: “mi vida fue salvada por una razón. Fui salvado por Dios para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”. Por su parte, el Tigre, un poco más modesto, también nos lo anunció: “el que está de rodillas delante de Dios, jamás será vencido”.
La guerra santa contra las drogas
Estamos, pues, notificados, esta vezla “guerra contra las drogas”es una guerra santa y quien se oponga a la devastación de nuestros bosques tropicales y la fumigación de la portentosa Mama Coca con “herbicidas inocuos”, esa planta originaria de la refrescante Coca-Cola, la bebida del imperio y la “chispa de la vida”, será considerado un auxiliar de los narcoterroristas y por lo tanto podrá ser destripado legal y legítimamente. Así lo anunció el Tigre a todos los miembros de la Fuerza Pública desde el campo de maniobras de la Tercera División, en el Cantón Pichincha en Cali: “Militares y policías de la patria, tengan la certeza de que este gobierno los protegerá como se debe hacer con los héroes de Colombia. Se les brindarán todas las garantías jurídicas para que no sean perseguidos por cuenta del cumplimiento de su deber”.
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Continuidad de la tradición “civilista”
Así el Tigre daría continuidad a la llamada doctrina del Teatro Patria sobre las correctas relaciones entre el poder civil y el militar, expresada por Alberto Lleras Camargo con su voz meridiana, pero la verdad poco republicana y menos democrática, cuando les señaló a los oficiales: “Es muy peligroso que se desobedezca una orden, que, por insensata que parezca, ejecutada por cien o mil hombres con rigurosa disciplina puede conducir a la victoria o minimizar el desastre… La preparación militar requiere, pues, que el que dé las órdenes haya aprendido a darlas sin vacilar, y tenga, hasta donde es posible, todo previsto, y que el que las recibe las ejecute sin dudas ni controversias”. Esa es nada menos que la proclamación presidencial, supuestamente civilista, de la “obediencia debida”, que llevó en nombre de la “seguridad democrática” y el cumplimiento de las órdenes de sus superiores a muchos miembros de la Fuerza Pública a cometer miles de ejecuciones extrajudiciales, más conocidos y mal llamados “falsos positivos”.
Por eso, quienes hablan y defienden la civilidad de nuestros presidentes, por poetas y cultos que hayan sido, como Lleras Camargo, Belisario Betancur o supuesto “demócrata integral de centro”, como Álvaro Uribe Vélez, están completamente equivocados o incurren en una complacencia cercana a la complicidad, si recordamos que políticamente, no penalmente, los dos últimos fueron responsables de masacres como la del Palacio de Justicia y los “falsos positivos”, bien sea por omisión o extralimitación en el cumplimiento de sus funciones presidenciales en tanto eran “Comandantes Supremos de las Fuerzas Armadas de la República”, según el artículo 188, numeral 3 de la Constitución Política.
¿Será que el Tigre seguirá con esa supuesta tradición civilista en nombre de la “Patria Milagro”? A fin de cuentas, la piel del Tigre, con sus hermosas rayas parece camuflada y su saludo preferido es el militar, su pose y patéticos discursos rememoran la espectacularidad teatral de Mussolini y las gafas de sol que luce son parecidas a las usadas por Pinochet y Videla, seguramente para no ver bien lo que ocurre a su alrededor y a la izquierda. Todo parece indicar que el Tigre será un digno sucesor de esa “tradición civilista”, de allí su obsesión en modificar y entrabar el funcionamiento de la JEP, que la Constitución se lo impide, pero también la jurisprudencia de la Corte Constitucional, pues ha señalado que la “obediencia debida” no es obediencia ciega cuando ella implica “la infracción manifiesta de un precepto constitucional contra una persona” (artículo 91 de la Constitución), como es el caso de las torturas, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas. Todavía más grave y de extrema incoherencia si alguna acción criminal como las anteriores la realiza un “héroe de la Patria” en nombre de la “Patria Milagro” y en cumplimiento de funciones militares, ya que quienes ejecuten semejantes atrocidades estarían cometiendo no solo graves delitos y crímenes de guerra sino, lo que es peor, pecados mortales irredimibles por los cuales irían directamente al infierno, donde lamentablemente no existe la JEP y menos la justicia transicional.
In memoriam: Para bien de la Patria Democrática y la vigencia de la Constitución, en memoria y reconocimiento de dos defensores incondicionales de los Derechos Humanos, recientemente fallecidos, el abogado y sociólogo Gustavo Gallón Giraldo y el jesuita Javier Giraldo Moreno, espero que esa “Patria Milagro” no acontezca, pues ambos consagraron sus vidas a la defensa de la auténtica civilidad, el Estado Social de derecho, la justicia, la verdad y la democracia, honrando así a todas las víctimas y fustigando legal, política y judicialmente a todos sus victimarios. Empezando por los agentes del Estado, primeros obligados a defenderlos, continuando con los paramilitares y los criminales de lesa humanidad, camuflados de guerrilleros, dejándonos así un legado imperecedero que todos deberíamos defender y honrar. Si lo hacemos, cumplimos el artículo 95, numeral 4 de nuestra Constitución: “Defender y difundir los derechos humanos como fundamentos de la convivencia pacífica”. No sería un milagro, simplemente seríamos ciudadanos y no una manada que los ignora e irrespeta porque, según dicen y lo creen en su fanatismo, prejuicios y radicalidad de extremaderecha, esos derechos supuestamente solo protegen a los mamertos y guerrilleros, no a los ciudadanos de bien.
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