El escritor nicaragüense Sergio Ramírez ha sido elegido esta tarde miembro de la Real Academia Española (RAE), en el pleno que la institución ha celebrado en Madrid. El también periodista y expolítico ocupará la silla L, la que dejó vacante Mario Vargas Llosa por su fallecimiento hace poco más de un año, el 13 de abril de 2025. “Entrar en el recinto de la academia es la coronación de mi vida de escritor”, ha dicho el premio Cervantes en 2017 —primer centroamericano en ganarlo—, en conversación telefónica desde Panamá, donde participa en el festival cultural Centroamérica Cuenta, del que es fundador.
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La candidatura de Ramírez, posible gracias a que tiene la nacionalidad española desde 2018, había sido propuesta, como es obligado, por tres académicos: el director de la institución, Santiago Muñoz Machado; Víctor García de la Concha, exdirector de la RAE y del Instituto Cervantes, y Luis Mateo Díez, premio Cervantes en 2024. El motivo fundamental era reconocer a la denominada “generación intermedia” de autores hispanoamericanos, los situados entre el boom y los nacidos a partir de los años sesenta, como adelantó este periódico el 7 de mayo. Por todo ello, el creador de títulos como Margarita, está linda la mar, Premio Alfaguara en 1998, manifiesta “un gran sentimiento de gratitud hacia España”. “Aquí vivo un periodo feliz de mi vida desde hace cinco años, a pesar del exilio. Desde que llegué solo he recibido honores, distinciones y reconocimientos. Me han hecho sentirme como en mi casa”. Ramírez (Masatepe, 83 años), autor de más de 70 obras y traducido a más de 20 idiomas, se marchó de Nicaragua en 2021 ante la persecución de que era objeto por parte del Gobierno dictatorial de Daniel Ortega.
Nacido en 1942, estudió Derecho en León (Nicaragua) y comenzó a publicar libros de cuentos a principios de los sesenta. Enrolado en el comunista Frente Sandinista, cuyos guerrilleros derrocaron al dictador Anastasio Somoza en su país, en 1979, fue vicepresidente de un Gobierno provisional, que presidía el hoy dictador Ortega, al que con el tiempo acabó enfrentándose. Ramírez publicó sus memorias de la revolución en Adiós muchachos (2017).
En el pleno de la RAE del pasado jueves, 14 de mayo, celebrado en León, Luis Mateo Díez fue el encargado de leer el elogio de méritos de Ramírez, del que dijo: “Es un candidato idóneo, que vive en un exilio forzoso y mantiene el temple de su testimonio radical contra la dictadura que lo exiló y la libertad creadora de quien sigue atendiendo su obra con la calidad y ambición que asumió desde sus comienzos”.
Sobre su antecesor en la academia, Vargas Llosa, Ramírez señala: “Es un orgullo ocupar la silla de alguien tan admirado por mí. Crecí leyendo a Vargas Llosa. Su libro La ciudad y los perros supuso un cambio de sintonía en la literatura hispanoamericana. Él la transformó porque dio calidad al lenguaje vernáculo, al de la calle, dio legitimidad al lenguaje oral. Con él aprendí las nuevas estructuras de la novela. Fue una escuela para mí“.
Precisamente por ello, adelanta que su discurso de ingreso, para el que tiene dos años, versará sobre las novelas del autor hispanoperuano. “Quiero hablar de su obra. Él fue panlatinoamericano porque escribió en diferentes escenarios y tuvo la capacidad para asumir cada atmósfera local. Eso era propio también de Graham Greene”, apunta. Y cita como ejemplos, Perú (donde ambientó su obra maestra Conversación en La Catedral), Guatemala (Tiempos recios), Brasil (La guerra del fin del mundo) o República Dominicana (La fiesta del Chivo). Con su novela El caballo dorado (2024), Ramírez ganó el premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en 2025.
Echando la vista atrás, el autor nicaragüense recuerda ahora cuál fue el momento de su vida en que pensó, como Vargas Llosa, en ser escritor. “Cuando tenía 14 años, me di cuenta de que quería contar historias, que no podía quedarme con ellas y quería que interesaran a más gente. Aquellas convicciones se convirtieron en una necesidad urgente”.
Preguntado por la labor que le gustaría desarrollar en la RAE, asegura sin dudar: “Que lo centroamericano tenga más presencia en el idioma español. Los términos latinoamericanos ya están fluyendo mucho al diccionario”. Y, como ejemplo, tira de humor para decir que hace unos días vio en la red social X a un compatriota suyo decir que se alegraba de que Ramírez entrara en la academia porque iba a hacer “un cachimbazo”, que es la palabra que en su país tiene el significado de “gran cantidad de algo”.
Sin embargo, la cara amarga de este nuevo reconocimiento es que no puede volver al país en que nació. “La nostalgia nunca se quita, mi país siempre está presente en lo que escribo, pero no depende de mí que no exista una dictadura”. En este sentido, además de la RAE, Ramírez fue miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, perseguida por Ortega. “Fue cerrada manu militari [en mayo de 2022], sus estatutos fueron anulados por un decreto y pasó a la clandestinidad. No puede reunirse públicamente y los miembros de ella que están en Nicaragua viven bajo la amenaza de ir a la cárcel”, lamentó.
De sus obras, que se han centrado especialmente en Nicaragua, recomendaría a un lector que no conozca su literatura las siguientes: “Margarita, está linda la mar (1998); luego, una más breve, mi novela Sara (2015), que es de las que más me gusta, y Castigo divino (1988)“. También se pueden destacar Tongolele no sabía bailar (2011) y su última novela, El caballo dorado (2024).
Firma destacada de EL PAÍS desde 1985, recibió el pasado 4 de mayo un Premio Ortega y Gasset especial de este periódico, en el año de su 50º aniversario, por “ser un referente moral”, según el jurado. ¿De qué le gusta escribir en sus artículos? “Sobre lo que me divierte o lo que es necesario. Cuando me siento a escribir, la primera duda que tengo que despejar es saber si tendrá interés, y que sean textos que despierten la conciencia y el conocimiento de lo que ocurre en Centroamérica”.
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