‘Anfetas’ para trabajar, saludos nazis y un compañero muerto: así fue el “Erasmus” de los Beatles en Hamburgo

‘Anfetas’ para trabajar, saludos nazis y un compañero muerto: así fue el “Erasmus” de los Beatles en Hamburgo

En una reciente entrevista con motivo de su último disco, The Boys Of Dungeon Lane, Paul McCartney tuvo que responder a una de las preguntas más recurrentes de su carrera: si de verdad una vez prendió fuego a un condón. Antes de componer canciones como Yesterday o Hey Jude, el músico fue autor intelectual de uno de los incidentes más sonados durante la etapa de los Beatles en Hamburgo (Alemania), entre 1960 y 1962. “Era un sitio lúgubre, con paredes de cemento. Cuando nos íbamos, como acto de rebeldía contra ese horrible alojamiento, ya que Pete [Best, el batería de entonces] llevaba un condón encima, lo sacamos, lo clavamos y le prendimos fuego”, narró McCartney a la presentadora del programa, mientras masticaba un nugget vegano (el formato de la entrevista era una cita en una pollería). “Arden muy bien, ¿nunca has encendido uno? No has vivido de verdad hasta que prendes fuego a un condón”.

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McCartney y Best fueron deportados cuando su empleador, el despótico Bruno Koschmider, exageró la gamberrada y les acusó de planear un incendio. Aquel fue el desenlace de la primera estancia de los Beatles en Hamburgo, a finales de 1960, después de que a George Harrison también le deportasen por ser menor de edad (tenía 17 años) y poco antes de que a John Lennon le revocaran el permiso de trabajo. Completaba la primitiva formación un quinto beatle, Stuart Sutcliffe, responsable del bajo antes de que McCartney soltara la guitarra para hacerse cargo del instrumento. Que el artista octogenario hable aún de aquellos años no solo tiene que ver con el carácter retrospectivo de su estupendo último trabajo, que contó con una promoción especial en la ciudad alemana. Las residencias de la banda en Hamburgo, donde actuaron más de 250 noches, han sido estudiadas y atraído el interés de los beatlemaníacos durante décadas por su carácter decisivo para el rumbo del grupo, con la entrada de Ringo Starr en 1962 como pieza última del puzle.

El escritor Fernando Silva Salas acaba de publicar un ambicioso libro que bien podría tener la última palabra sobre el tema o sobre parte de los mitos que lo rodean. Die Not Hat Ein Ende! Los Beatles, Hamburgo y el Star-Club (Sílex Ediciones) es el título que ha dado a la exhaustiva investigación, en referencia al eslogan (“¡Se acabaron las dificultades!”) del cartel inaugural del Star-Club, local alemán donde la banda de Liverpool se consagró tras sufrir unas cuantas calamidades. “Han sido muchos años de trabajo e investigación”, cuenta Silva a ICON. “Fue en el 2000, tras mi primer viaje a Hamburgo, cuando de verdad empecé a maquetar la idea central del proyecto. Durante estos 25 años he ido publicando en diferentes revistas y fanzines especializados estudios parciales sobre el tema, hasta que fui consciente de que tenía que cerrar el círculo y dar coherencia a todas estas historias”.

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Los Beatles fotografiados en su primer viaje a Hamburgo el 16 de agosto de 1960. En la imagen, el mánager Allan Williams (1930 – 2016), su esposa Beryl Williams (1930 – 2023), Lord Woodbine (Harold Philips) (1929 – 2000), el “quinto Beatle” Stuart Sutcliffe (1940 – 1962), Paul McCartney, George Harrison (1943 – 2001) y Pete Best.Barry Chang (Getty Images)

El autor alude varias veces al genius loci, como llamaban los romanos al espíritu protector de un lugar, a la hora de recorrer los espacios de los Beatles en la ciudad portuaria. “Siempre me ha interesado la historia de los edificios y la relación de la arquitectura con el ser humano. Por eso he querido contar la historia de los lugares beatles en Hamburgo y desvelar su espíritu, su genius loci, y su relación, tan importante, con ese periodo de formación y revelación, de crecimiento y explosión”, explica Silva, que ha explorado el Hamburgo de los Beatles “con ojo de entomólogo”, además de entrevistar a testigos oculares o zambullirse en los archivos alemanes. Para hacerse una idea del grado de detalle, pone nombre hasta a las películas daban en el cine Bambi, propiedad de Koschmider, al lado de cuyos baños residían los músicos en un cochambroso habitáculo.

“Lo vivido por los Beatles en Hamburgo fue de tal densidad que les dejó un sello indeleble para el resto de sus vidas”, afirma. Mediante jornadas donde podían estar tocando hasta ocho horas (con pequeñas pausas intermedias) casi todos los días, los jóvenes desarrollaron rápidamente sus prestaciones, algo que Paul McCartney equiparó a llevar 1.500 horas de sesiones encima. Se mantenían en pie con ayuda del Preludin, como se llamaba comercialmente a las pastillas de fenmetrazina, una droga estimulante y adelgazante similar a las anfetaminas. En sus frenéticos conciertos repasaban una y otra vez los hitos del rock & roll, clásicos de Elvis Presley, Little Richard, Gene Vincent o Chuck Berry, ante una clientela formada por marineros, prostitutas y gente de mal vivir, a la que Lennon, envalentonado por la barrera idiomática, gustaba de recordar su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

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Los Beatles posan en el Star-Club de Hamburgo en 1962.Photo 12 (Universal Images Group via Getty)

La Reeperbahn, calle principal del barrio de St. Pauli, donde la banda actuaba, era conocida como “la milla del pecado”, por la cantidad de burdeles que acogía. “Mi primer polvo lo eché en Hamburgo, mientras Paul, John y Pete Best miraban”, confesó George Harrison. “En realidad no veían nada porque estaba debajo de las mantas, pero en cuanto acabé aplaudieron y me aclamaron”. Silva Salas, no obstante, cuestiona algunas creencias establecidas entre los seguidores, como que la canción Ticket To Ride escondiese una referencia a un certificado de salud que las prostitutas portaban para garantizar la seguridad a los clientes. “Era muy propio de Lennon inventar historias sobre cualquier evento, solo por provocar y reírse del personal”, señala. “En mis investigaciones sobre la prostitución en Hamburgo durante esa época, nunca he encontrado ninguna información respecto a ese documento”.

Los ‘mods’, los ‘rockers’ y los existencialistas

La salida del libro coincide con la llegada, a través de Amazon Prime Video, del documental No Hamburg, No Beatles, coproducción entre Reino Unido y Alemania que cuenta, en la versión española, con la participación de otro apasionado de la banda, el escritor e ilustrador gráfico Eugenio Rivera Claudio.

“El título es muy elocuente. Es absolutamente cierto que, sin Hamburgo, no tendríamos a los Beatles que conocemos”, asegura Rivera a ICON. Para el experto, que tiene un libro inédito, Beatles: Tradición y vanguardia, la aventura alemana llevó al grupo al sincretismo que define su discografía, pero también les modeló estéticamente gracias a su choque con un peculiar grupo conocido como “los existencialistas” (a veces abreviado como “los exis”, respuesta paródica a las tribus enemigas de mods y rockers).

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“Eran estudiantes de la Escuela de Arte de Hamburgo, muy alejados en cuanto a formación de los Beatles, que tenían unos focos de interés limitados al ámbito musical”, indica Rivera. “Eran herederos de los existencialistas franceses, su norte era Jean Cocteau. De allí bebieron para diseñar el corte de pelo de los Beatles, este corte característico que se parece a las antiguas garçons francesas de los años veinte o a las flappers estadounidenses”. El triunvirato de amigos alemanes lo conformó la fotógrafa Astrid Kirchherr, su pareja Klaus Voormann y otro colega, Jürgen Vollmer. “La Escuela de Arte estaba bajo la dirección de una mujer muy influida por la Bauhaus, de modo que conectan con estas corrientes de vanguardia y esto les va a influir no solo en el pelo, sino también en los cortes de traje a lo Pierre Cardin, que tienen una vocación claramente geométrica, sin ornamentos, muy limpios”.

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Fachada del Star-Club de Hamburgo en junio de 1964.picture alliance (picture alliance via Getty Image)

Quien mejores migas hizo con los existencialistas fue el malogrado Stuart Sutcliffe, que vivió un noviazgo con Kirchherr y, en 1961, abandonó la banda para apuntarse a la Escuela de Arte. Sin embargo, el 10 de abril de 1962, con 21 años, Sutcliffe murió en Hamburgo de una hemorragia cerebral. Aunque se ha especulado con que su final tuviera que ver con los golpes recibidos en la cabeza en una pelea meses atrás o con un forcejeo con John Lennon al dejar la banda, la tesis más aceptada es que falleció por la rotura de un aneurisma o una malformación congénita. “Lennon y él llegaron a establecer una relación muy profunda, incluso se ha hablado de una posible homosexualidad”, apunta Eugenio Rivera. Dicha idea vertebró el argumento de la película Backbeat(1994), reconstrucción ficticia de los años de los Beatles en Hamburgo.

“Esta relación puso a McCartney contra las cuerdas, porque él quería la atención de Lennon. La torpeza de Stuart con el bajo era notoria y McCartney lo machacaba. Es curioso, porque tanto McCartney como Klaus Voormann se refugian y subliman sus dolores con el bajo, el primero cogiéndolo inmediatamente cuando se va Stuart y el segundo [expareja de Kirchherr, que lo dejó por Sutcliffe] sustituyendo a su novia con el instrumento, hasta tener una destacada carrera en grupos como Manfred Mann”. La conducta de John Lennon en Hamburgo ha sido, de entre los Beatles, la más analizada. “Lennon tenía una pasión ambigua por la figura de Hitler, a quien quiso meter, sin éxito, en la portada del Sgt. Pepper’s[1967]”, recuerda el experto. “Le fascinaba el Tercer Reich y en los clubes insultaba a los parroquianos llamándoles ‘nazis de mierda’, haciendo el saludo o poniéndose el dedo sobre el labio, para imitar el bigote de Hitler”.

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George Harrison en el escenario del Star Club de Hamburgo en 1962.Bert Kaempfert Music – K & K (Redferns)

Las residencias de los Beatles en Hamburgo, repartidas entre agosto de 1960 y diciembre de 1962, abarcaron los clubes Indra y Kaiserkeller, controlados por Bruno Koschmider, el Top-Ten Club, donde mejoraron sus condiciones, y finalmente el emblemático Star-Club. “Koschmider los maltrató. En un mercado, compraron un cerdito y lo llamaron Bruno para ridiculizarlo”, cuenta Rivera. “Era un tipo que había perdido una pierna en la guerra, un amargado, que parece ser que llevaba un bastón con el que golpeaba a los que se cruzaban en su camino. Más allá de eso, fue una etapa formativa, un poco el Erasmus de los Beatles. Cuando llegan, son un grupo poco desarrollado y tienen que incorporar otros géneros a su repertorio, desde el music hall, temas de comedias musicales de Broadway, standards, hasta chachachás, como Bésame mucho, lo que, de cara al futuro, les va a distanciar radicalmente, en cuanto a versatilidad, de grupos como los Rolling Stones o los Who”.

Puerto habitual para grupos británicos, debido al alto coste de contratar formaciones estadounidenses, en Hamburgo los Beatles conocieron a Ringo Starr, pese a ser también de Liverpool. Ejercía como batería de Rory Storm & The Hurricanes. En 1962, cuando se disponían a grabar su primer single, Love Me Do, despidieron a Pete Best para colocarle en su lugar. “Sobre este tema, un clásico en los debates beatle, siempre ha habido mucha controversia”, opina por su parte Fernando Silva Salas. “Basándome en mi experiencia, ya que lo he visto tocar en directo y hablado con él, la verdad es que no era muy buen batería. Los Beatles lo ficharon apresuradamente antes de irse a Hamburgo por primera vez. En cuanto empezaron a darse cuenta de que el éxito estaba cerca, fueron conscientes de que con él a los tambores no lo conseguirían”.

Más allá del sobradamente conocido destino de los Beatles, el Star-Club se despidió en la Nochevieja de 1969. Dio paso al Salambo, un local de ocio para adultos que abrió sus puertas con un espectáculo de sexo en directo basado en los crímenes de Charles Manson, según describe Silva Salas en su libro. El muy simbólico fin de una época. Lo sucedido en Hamburgo quedó así como un tesoro en la memoria de quienes, casual o accidentalmente, se dieron de bruces con los Beatles sin imaginar lo que significarían años después. El doctor Winston O’Boogie, alter ego de John Lennon, lo dijo en la contraportada de su disco Rock’N’Roll (1975): “Deberías haber estado allí”.

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