La última carcajada de la cumbancha es la cancelación-no cancelación de clases 40 días antes del periodo. El Gobierno de Claudia Sheinbaum tropieza y cada polémica introduce desconfianza. La Secretaría de Educación decretando un anticipado fin de cursos y luego la presidenta diciendo que no es oficial, es solo el traspié más reciente.
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Nadie puede negar que la presidenta Sheinbaum haya buscado durante meses vías para activar las inversiones, sobre todo las de origen nacional. Tanto lo ha hecho que el choteo ya es el contrario: en columnas periodísticas, especializadas o no, se habla de demasiadas reuniones y pocas, muy pocas nueces de parte de los inversionistas.
La última de las reuniones entre empresarios y el Gobierno, o al menos la más concurrida y pública, dado que la presidenta ve a menudo a gente de la iniciativa privada de manera no pública, es muy importante si se atienden los anuncios que ahí se hicieron. Me refiero a la del lunes: en pleno puente mandaron traer a empresarios para el evento.
Ese día, a la sombra del paraguas del Museo de Antropología, la presidenta hizo un nuevo intento por convencer a los empresarios de que abran los bolsillos de una buena vez. No fue una ceremonia más (o no debería de serlo, y enseguida vuelvo sobre ello): Sheinbaum prometió un SAT con brida, trámites expeditos y ventanillas únicas.
Entre los compromisos anunciados, la propia presidenta destacó uno sobre el Sistema de Administración Tributaria: “Certidumbre para todos ustedes de que no va a haber doble tributación, que no va a haber auditorías que representen 15 años para atrás, todo lo que ustedes nos han pedido, todo eso se firma hoy”.
Bien mirados, cada uno de los compromisos que se firmaron ese día pretende contribuir a que cambie el clima, a convencer a los renuentes dueños y dueñas del capital, a jugarse su dinero en proyectos productivos. Y atienden quejas que se repiten en los corrillos de los empresarios: entre ellas, los arbitrarios cambios de criterios del SAT, la pesadilla por los retrasos de la tramititis y la ruidosa corrupción.
Para que esa firma marque un antes y un después, sin embargo, tienen que pasar otras cosas, unas que son aún más complejas que el convencer a la presidenta de que lidiar con su equipo es tortuoso, muchos de sus colaboradores o sobrados o medrosos, y de que la autoridad tributaria le pega a la inversión, no al estrujar a las empresas, sino al proceder discrecionalmente con respecto a lo que se le debe.
Lo que le urge a la presidenta es algo un poco más esotérico: cambiar el clima. Ha de hacer lo necesario para romper la narrativa que se estaría instalando de que es un mal momento para invertir, para contagiar de ánimo a muchos más que unos cuantos, y desinflar ese pasatiempo nacional que es el detectar contradicciones entre lo que la presidenta dice y lo que ella y su equipo hacen. Como con la SEP.
El jueves, en una movida sorpresiva y disparatada, la Secretaría de Educación Pública anunció un recorte de mes y medio al calendario escolar. El titular de esa dependencia adujo que el calor y el Mundial eran la causa de reducir el curso. La medida provocó reacciones inmediatas: llovieron críticas a la SEP por renunciar a su obligación de educar y por trastocar de un plumazo la vida de millones de hogares.
Cómo será de inverosímil la medida que sintonizó en el rechazo a la Sección 22 de la rijosa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y a la conservadora Unión Nacional de Padres de Familia. Y en tiempo récord, surgieron llamados a protestar y a firmar peticiones en línea para revertir la cancelación de clases. Pero, sobre todo, es otra señal de la disfuncionalidad gubernamental.
Sheinbaum llama el lunes a meter el acelerador a la inversión y el jueves su equipo pide que las familias se las apañen como mejor les venga porque dentro de un mes van a tener que improvisar horarios y logística para hacerse cargo en casa o fuera de ella de los niños que deberían estar en los pupitres. Y de la contradicción de que la presidenta científica decrete un recreo mensual, ni qué decir.
Y si lo de la SEP parece un caso aislado (exagerado incluso, si se quiere), ya sería hora de que ella tuviera claro por qué sus varios anuncios de estímulo a la inversión no han funcionado, revisar qué hacer al respecto y ceder o cambiar aquello que simplemente no le ayude a lograr la meta deseada. Ya se sabe que repetir método esperando resultados distintos no es una buena idea.
Su año y medio en la presidencia prueba que Sheinbaum es responsable y dedicada como quien más. Ese empeño quizá le impide ver que hay otras cosas que podría cambiar a fin de lograr el empujón que urgentemente requiere la economía. Es decir, la lideresa puede trabajar, y mucho, y hacerlo en lo que se supone es el programa ideal, mas no por ello llegan los resultados.
En su libro “Liderazgo”, Henry Kissinger destaca rasgos de Margaret Thatcher que la llevaron a ser la poderosa y eficaz gobernante que fue. Puede ser forzado el trazar un paralelismo entre México hoy y el momento que atravesaba el Reino Unido cuando quien luego sería conocida como la Dama de Hierro asumió el poder… o quizá no tanto.
“El declive era una creencia colectiva, autorreafirmante y, en última instancia, debilitadora”, dice Kissinger sobre 1979, cuando Thatcher llega al 10 de Downing Street. ¿Va México rumbo a un contagio de desánimo entre quienes tienen la posibilidad de hacer las inversiones en distintos mercados y niveles? ¿Cómo puede romper la presidenta una eventual conversación “autorreafirmante” sobre el “mal momento”?
El controversial Kissinger continúa: “En la época de Thatcher, el desánimo ante la disfunción de Reino Unido ya estaba en el aire, y su logro fue canalizarlo para la causa de la reforma del país” (…) “Era, por supuesto, una outsider: una mujer de formación científica, que provenía de la clase media y cuyo padre era tendero”.
Ferdinand Mount, encargado de políticas públicas de Thatcher entre 1982 y 1983, es citado por Kissinger para destacar las reformas que emprendió la primera ministra, que al fallecer logró el homenaje, solo dispensado a Churchill antes de ella, de que la reina Isabel II fuera a su sepelio: “Lo notable no es su originalidad, sino su implementación. La valentía política no reside en ponerlas en práctica, sino en crear las condiciones que hacen posible ponerlas en práctica”.
Sheinbaum parece víctima de su enorme compromiso por entregar buenos resultados para consolidar el movimiento del cual surgió. Se ha hecho fama de administrar todo detalle de cada decisión a un nivel que hace cuestionar si la jefa del Gobierno y del Estado incurre en eso porque no tiene equipo capaz, o si no cuenta con colaboradores de nivel porque ella no confía en que nadie trabaje tanto como ella.
Y en el mismo sentido, es impensable una decisión como el calendario mocho de la SEP y sus inverosímiles explicaciones sin un modelo de gestión que ha cancelado el diálogo con demasiados actores, incluso con algunos no necesariamente peleados con Morena. Si Sheinbaum quiere que las cosas ocurran, en una de esas el camino es no pretender hacer todo ella, o no hacer todo cerrándose a otras ideas.
Finalmente, el Gobierno de Sheinbaum actúa como si la realidad tuviera compartimentos rígidos. Apela a los buenos motivos para invertir cuando al mismo tiempo defiende los acordeones de la elección judicial; se queja de que se pisotea el debido proceso en el caso de Rocha sin bajarle ni una rayita al discurso de que García Luna sí era narco; y echa a las patas de los caballos a los que creen en un mundo gris, de claroscuros, y no en el maniqueísmo de que nadie vino puede sino estar en contra totalmente de Hernán Cortés. Y de perseguir la corrupción en la casa guinda, ni sus luces.
Un nuevo y ambicioso decreto de facilidades para las inversiones, que en buena hora incorpora peticiones de que ya no haya retroactividad (ni “a modo” ni a “no modo”, pues es simplemente ilegal), será papel mojado si ella no rectifica: no se necesita una oficina junto a su despacho para que destrabe gestiones, sino una presidencia que se haga de aliados en todas partes, y se desprenda de funcionarios que solo la hacen pasar, entre otras cosas, como una presidenta de formación científica que está en contra de tanta educación como sea posible para los niños de México.
Hay una presidenta seria; debe cuidársele de ser parte del anecdotario, de la cumbancha; Sheinbaum no se puede dar el lujo de ser motivo de sorna porque su equipo manda a la casa a los niños mes y medio antes. Debe procurarse a quienes le ayuden a que su agenda ocurra.
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