Dos días después de que se desatara la mayor crisis en dos décadas en el Real Madrid tras conocerse la pelea entre Valverde y Tchouameni, la primera y única persona de la entidad que se puso delante de un micrófono para dar explicaciones de lo sucedido fue su entrenador, Álvaro Arbeloa, que no parece probable que vaya a seguir la próxima temporada. Y él, que siempre ha alimentado su perfil e imagen de hombre de club, lanzó este sábado un discurso de filas prietas hacia dentro. Defendió a Valverde y Tchouameni, la salud del vestuario, la reacción del club y hasta la figura del presidente.
“Estoy muy orgulloso de la contundencia, rapidez y transparencia del Madrid”, se arrancó el técnico en una primera respuesta muy larga y estudiada. “Los jugadores han reconocido su error, se han arrepentido, han asumido las consecuencias y han pedido perdón a la afición, al club y al vestuario. Con eso me sirve. Lo que no haré es quemarlos en una hoguera pública. No se lo merecen, por lo que han hecho durante tantos años, lo que me han demostrado en estos cuatro meses, por su esfuerzo y compromiso con esta camiseta”, proclamó Arbeloa, que no dudó en apelar al mito de Juan Gómez, Juanito, para justificar al uruguayo (con el que ya lo había comparado en el pasado) y al francés.
“Para mí es el paradigma de lo que debe ser un jugador del Real Madrid. ¿No se equivocó nunca? Los madridistas estamos muy orgullosos, es al único al que cantamos cada partido, se dejó el alma por el escudo, lo defendió siempre. ¿No me voy a equivocar yo? Y jamás me pondría a su altura. Lo sentimos como uno de los nuestros, que se equivocó, como cualquier persona. Valverde y Tchouameni representan muy bien el Real Madrid, se merecen que pasemos página, que les demos una oportunidad. Estoy muy orgulloso de ellos”, abundó Arbeloa en un intento desesperado por cerrar el asunto en medio de una tormenta histórica en Valdebebas.

No pareció casual la alusión a Juanito, que en 1987 pisó la cabeza de Lothar Matthäus en el Olímpico de Múnich durante un encuentro contra el Bayern. Sin embargo, ese suceso con el jugador blanco, fallecido en un accidente de tráfico en 1992, ofrece dos diferencias con lo ocurrido ahora: pidió perdón al instante, sobre el césped y, sobre todo, aquello significó el final a su carrera en el Madrid.
“Es una traición al escudo”
Lo único que no perdonó Arbeloa, en línea con el club, fue la filtración. “Es lo que más me duele. Lo que pasa en el vestuario debería quedarse ahí. Filtrar es una traición al Real Madrid, una deslealtad al escudo”, aseguró. ¿Y sabe de dónde vienen los chivatazos?, le preguntaron. “No trabajo en la CIA ni en nada por el estilo. No estoy acusando a los jugadores ni a nadie, porque no puedo. Hay mucha gente alrededor del primer equipo”, precisó durante su comparecencia, de casi 24 minutos, en la que afirmó que tiene un “vestuario sano y preparado para volver a ganar”. “Pueden estar tranquilos”, abundó. El técnico admitió, eso sí, que es más joven que en su época como jugador blanco y que “estas experiencias les harán crecer”.
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Al entrenador del Real Madrid, en realidad, no le pareció que el episodio entre Valverde y Tchouameni haya sido lo peor que ha visto. “Yo he tenido un compañero que le ha metido un palazo de golf a otro. He vivido situaciones incluso peores. Fue un incidente [este] que tuvo más que ver con la poca fortuna que con lo que pasó realmente. Es un tema que tenemos que zanjar”, recalcó.
“Estoy muy contento con el vestuario”
Arbeloa se presentó con cuatro minutos de adelanto sobre la hora previa, a las 10.26, con la gran intención de tratar de pasar página y negar cualquier comentario negativo sobre una caseta muy cuestionada. “Es mentira que [los jugadores] no sean profesionales y que me hayan faltado al respeto, como es mentira que alguno no juegue por tener problemas conmigo, o que su vida no se corresponda con la vida de un futbolista del Real Madrid. Eso no lo voy a permitir”, indicó serio.
Él no dejó de afirmar que está “contento y orgulloso del vestuario” en estos cuatro meses en el cargo, de cómo le han recibido; y defendió cualquier nombre que se pusiera sobre la mesa. También a Kylian Mbappé, criticado (también dentro del club) por regresar de un viaje personal con su pareja de Italia con el tiempo pegado para ver el Espanyol-Madrid de hace una semana: “Todos los madridistas saben las renuncias que ha hecho para jugar en el Madrid”. Y, sin que nadie se lo preguntara directamente, elogió también a Florentino Pérez: “No hay nadie más preparado que nuestro presidente para dar la vuelta. Me acuerdo muy bien de lo que ha conseguido”, apuntó antes de viajar a Barcelona, con Tchouameni (Valverde está de baja), para disputar un clásico que necesita ganar si quiere retrasar el alirón azulgrana.