Que a Donald Trump no le gusta que bromeen con él no es novedad. Tampoco lo es que, en dado caso, cargue contra quien lo hace. Pero ahora su Gobierno está dando un paso más contra uno de sus principales enemigos públicos: Jimmy Kimmel. El chiste del presentador sobre Melania Trump en su programa del pasado viernes, donde la calificaba de “viuda a la espera”, y emitido apenas 24 horas antes del tiroteo que tuvo lugar en la cena de corresponsales de Washington, ha gustado tan poco al presidente y a su esposa que no solo han pedido su dimisión, sino que la autoridad competente va ahora a revisar las licencias de emisión de Disney, propietaria de la cadena ABC, donde se emite el programa de Kimmel.
En la página web de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC, por sus siglas en inglés) ya aparece esa petición de revisar las licencias. “La Oficina de Medios de Comunicación ordena a The Walt Disney Company, American Broadcasting Company y sus filiales de televisión que presenten solicitudes anticipadas de renovación de licencia para sus emisoras de televisión”, se puede leer. Varios medios como la CNN y Reuters ya adelantaban que efectivamente van a revisar las licencias de emisión de sus cadenas asociadas por adelantado, tanto, que pretenden empezar este mismo martes. Disney no ha hecho declaraciones al respecto, por el momento.
El responsable de dicha agencia, Brendan Carr, muy cercano al presidente Trump, ya le dijo a Reuters a mediados de marzo que estaban dispuestos a acelerar dicho proceso de revisión. “Se pueden hacer renovaciones anticipadas”, aseguraba Carr, explicando que tenía en marcha investigaciones sobre la mayor parte de grandes cadenas nacionales, como ABC, NBC y la pública PBS. Afirmó que estaba “sobre la mesa” la cuestión de poder revocar licencias tras dichas investigaciones. En Fox News, Carr dejó caer que ABC y Disney podrían perder esa licencia: “Si las pruebas confirman que efectivamente incurrieron en discriminación por motivos de raza y género, sería un asunto muy grave para la FCC, y podría poner en tela de juicio sus aptitudes morales para incluso poseer una licencia”.
En varias ocasiones, Carr ha jugado con la idea de revocar las licencias según el contenido de las cadenas. De hecho, la cuestión se puso sobre la mesa el pasado septiembre, cuando el programa de Jimmy Kimmel fue suspendido durante 10 días por un chiste que el presentador realizó tras el asesinato del activista republicano Charlie Kirk.

En la FCC solamente hay una representante del Partido Demócrata, Anna Gomez, que ha afirmado en su perfil de X que esa temprana revisión y una posible revocación de las licencias es algo que “no tiene precedentes, es ilegal y no llevará a ninguna parte”. “Esta maniobra política no tendrá éxito. Las empresas deberían plantarle cara. La Primera Enmienda está de su parte”, ha afirmado Gomez. Ya el pasado septiembre, Gomez fue muy clara, lanzando un comunicado en el que afirmaba que la FCC “no tiene la autoridad, la habilidad o el derecho constitucional de controlar los contenidos ni de sancionar a las emisoras por expresiones que no sean del agrado del Gobierno”. “La libertad de expresión es el pilar de nuestra democracia, y debemos oponernos a cualquier intento de socavarla”, aseguraba.
Las licencias de emisión están muy protegidas por la ley, pero la FCC puede tener la última palabra. En caso de una revocación, y de que ABC no pudiera emitir sus espacios, afectaría enormemente a los ingresos publicitarios, pero también sería una confrontación directa con la Constitución estadounidense y con su primera enmienda, la que protege la libertad de expresión, ratificada en diciembre de 1791. Y volvería a poner en la palestra cómo la actual administración está dispuesta a tomar medidas de calado por, simplemente, un monólogo humorístico en su contra.
En concreto, el de Kimmel del pasado 23 de abril le mostraba como si estuviera dando un discurso en la cena de corresponsales (que tenía lugar el día siguiente), con imágenes donde mostraba también a Melania y a Barron, esposa e hijo del presidente. “Aquí está nuestra primera dama, Melania; mírenla, tan guapa. Señora Trump, tiene un brillo como de viuda expectante”, pretendía decirle. La frase tenía un doble significado, porque expectante en inglés no solo significa a la espera, atenta, sino también esperar un bebé, estar embarazada.
Ante las airadas respuestas de la primera dama y del presidente, que pedían la dimisión y el cese de su programa, Kimmel contestó con su habitual humor en la noche del lunes. “¿Sabéis cuando te despiertas por la mañana y la primera dama publica un comunicado pidiendo que te despidan? ¿Todos lo hemos vivido, verdad?“, bromeaba al arrancar su espacio nocturno. Después, aclaró: “Era obviamente una broma sobre su diferencia de edad, y el rostro de alegría que se les ve cada vez que están juntos. Era una broma muy ligera sobre que él tiene casi 80 y ella es más joven que yo [Jimmy Kimmel tiene 58 años; Melania Trump, 56]. No era, bajo ningún concepto, una incitación al asesinato, y lo saben. Durante muchos años he sido muy directo contra las armas”, aseguraba.
“Entiendo que la primera dama tuviera una experiencia estresante este fin de semana, y probablemente todos los fines de semana sean estresantes en esa casa”, siguió el presentador, estirando la broma y a la vez la explicación. “Además, estoy de acuerdo en que hay cierta retórica violenta que tenemos que rechazar. Creo que la manera de comenzar es tener una conversación con su marido. Donald Trump puede decir lo que quiera, como puedes tú y puedo yo. Porque bajo la primera enmienda tenemos, como estadounidenses, el derecho a la libertad de expresión”.
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