Mientras el Real Madrid aplicaba su maquinaria a contener las llamas que empezaron a asomar el miércoles 6 de mayo con la primera de las dos peleas entre Valverde y Tchouameni, nueve días más tarde Kylian Mbappé, su jugador mejor pagado, el emblema del proyecto del club, decidió vaciar su propio bidón de gasolina sobre las brasas poco antes de la medianoche del jueves. Salió al encuentro con los periodistas en la zona mixta, algo inusual en los futbolistas del Madrid estas últimas semanas de decepciones. Allí hizo dos paradas, en las que arremetió contra algunos compañeros y sobre todo contra Álvaro Arbeloa, un técnico al que le quedan dos partidos y que empezó su rueda de prensa, sin que le hubieran prevenido, mientras el francés aún se desahogaba en un espacio anexo. El enfrentamiento reveló aún más grietas en el vestuario.
Algunos estamentos del club seguían este viernes incómodos por el episodio de la estrella y el técnico lanzándose pullas a través de los medios a pocos metros de distancia, según varias fuentes internas. No se entendía el manejo de la aparición del francés y su efecto en la del entrenador. No gustó que saliera, como no gustaron las filtraciones que permitieron conocer las peleas. Sobre todo, después de ocho días de intensidad cercana al descontrol que llevaron a que incluso interviniera en público Florentino Pérez en dos ocasiones, en las que se aplicó a intentar transmitir que las llamas que se veían desde fuera no suponían el reflejo de algo más profundo. La intervención de Mbappé apuntaba en dirección opuesta.
“No he jugado porque el míster me ha dicho que para él soy el cuarto delantero de la plantilla, detrás de Mastantuono, Vini y Gonzalo”, dijo. “Pregunta al míster, ¿qué quieres que te diga?”. Al míster le iban leyendo en la sala de prensa lo que el francés soltaba al otro lado de la pared. “He hablado con él antes del partido y no sé qué ha podido interpretar. Yo no he dicho semejante frase”, respondió Arbeloa.
A medida que le llegaban los zarpazos del francés, el técnico iba dejando al descubierto mayor superficie de los desencuentros con él. “Un jugador que hace cuatro días no pudo ni estar en el banquillo lo mejor era que saliese en la segunda parte”. Lo decía por el clásico del domingo. Mbappé, alineado con los suplentes en el último entrenamiento antes del partido, dejó la sesión pocos minutos antes del final alegando molestias y no viajó a Barcelona.
El intercambio de golpes no se quedó ahí. Mbappé explicó que le había gustado más la primera parte del curso, con Xabi Alonso: “Teníamos una estructura, una idea de juego y la hemos perdido”. Arbeloa se revolvió: “Él ha metido más goles en la primera parte de la temporada que en la segunda”. El francés recurrió a la ironía: “Tengo que trabajar para ser mejor que Mastantuono, que Gonzalo y que Vini para jugar”. Y el entrenador se reafirmó en su autoridad a prueba de grandes gallos como el que le disparaba esa noche: “Mientras esté yo en esta silla, yo voy a decidir quién juega y quién no juega. A mí me da igual cómo se llamen o cómo no se llamen. Si les parece bien, bien; y si no, que esperen al siguiente [entrenador]”.
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El efecto de la trifulca pública no se limitó a los rasguños que dejó en la mayor estrella del Madrid y su técnico. Ambos apuntaron a más disensiones en el vestuario, algo que el club ha querido acotar estos días a las tensiones entre Valverde y Tchouameni que acabaron con el uruguayo en el hospital el jueves de la semana pasada. Mbappé también disparó contra ciertos compañeros que sugirió que filtraban información íntima de la caseta: “Prefiero hablar aquí, yo sé que hay mucha gente que no hablan y tengo que mirar la prensa para saber qué piensan”.
Arbeloa deslizó que sus diferencias con jugadores no se limitaban a las que había destapado el francés. “No solo me ha pasado en estos cuatro meses con Kylian, como hoy. Seguro que con muchos jugadores, más de los que os imagináis”. Y dejó un reproche bastante general al vestuario que apuntaba a que les había tapado más debilidades de las que merecían. “No espero de mis jugadores lo que yo he dado por ellos”, lamentó. “Muchas veces digo lo que pienso y hay otras muchas que digo lo que debo. Creo que un entrenador tiene que ser un escudo delante de los jugadores cuando tiene un micrófono delante”, había dicho el día anterior.
Con ese choque público que destapaba aún más tensiones internas se cerraban nueve jornadas volcánicas: dos peleas en días sucesivos, la multa más alta de la historia del Madrid, el viaje al clásico sin Mbappé, la despedida de la Liga en el Camp Nou, la rueda de prensa de Florentino con convocatoria de elecciones, su entrevista en televisión y la traca final Mbappé-Arbeloa. En el club ven con alivio que solo queden dos partidos después de los que ya asoma el verano.
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